Dona Beija, la prostituta brasileña que se convirtió en una leyenda del erotismo y la lucha social

Lunes, 27 de noviembre de 2017 12:26

|Andrea Prado

Odiada y amada por igual, Dona Beija se convirtió en la heroína oficial de la ciudad de Araxá, en Brasil.



Todos en la ciudad lo sabían: las fiestas sólo terminaban cuando ella señalaba a dedo al elegido de la noche que llevaría a su cama. Para las esposas, Beija era una rival; para las otras prostitutas, una competidora que les quitaba la mejor clientela, dejándoles sólo a los clientes baratos: gente de color. Odiada y amada por igual, Dona Beija se convirtió en la heroína oficial de la ciudad de Araxá, en Minas Gerais, Brasil. Esta es la historia de Anna Jacinta de São José —mejor conocida como Dona Beija—, una supuesta prostituta que se dice vivió y murió durante el siglo XIX; pero cuya presencia como ser mitológico se extiende hasta nuestros días.

 

“¿Quién la hizo tan divina, quién tan bella y tan bravía?”, se preguntan a dos tonalidades diferentes las primeras frases del tema musical de la novela brasileña inspirada en el mito de Dona Beija, de la doctora Rosa María Spinoso Arcocha. Y es que no está de más preguntarse, tal como lo hizo Spinoso Arcocha en la obra El beso del colibrí. Historia y (de)construcción del mito Dona Beija. Brasil, siglos XIX-XX, cómo es que en una sociedad tan patriarcal y conservadora —como lo fue Brasil durante el siglo XIX— aceptara a una figura femenina tan fuera del canon para representar a la ciudad de Araxá[1]. La respuesta a esta pregunta se encuentra tanto en la existencia y construcción del mito, como del personaje histórico que lo protagoniza.

 




Se dice que a comienzos de 1800 llegaron al poblado de São Domingos do Araxá —provincia de Minas Gerais— dos mujeres: María Bernarda dos Santos y su hija, Anna Jacinta de São José. La ausencia de un padre tuvo un efecto en la producción de varias hipótesis sobre éste: había muerto antes del nacimiento de la hija, o había sido un noble portugués y la madre una mujer indígena. Con todo, Anna Jacinta creció como cualquier otra hija de madre soltera, excepto por un detalle: su extraordinaria belleza. Por esa razón, la gente del pueblo la comparaba con una beija-flor —nombre popular del colibrí. Pero un día, pasó por el pueblo don Joaquín Ignacio Silveira da Mota, el oidor[2] general de la Provincia de Goiás a la que pertenecía Araxá; y, en una de las recepciones que se hicieron en su honor, apareció Beija. Trastornado por su singular belleza, pero a sabiendas de que ella estaba comprometida, la noche anterior a su partida ordenó a los hombres de su escolta que la raptaran. Para eludir la persecución del pueblo, el oidor y sus hombres se la llevaron a la villa vecina de Paracatu do Príncipe. En este lugar, don Joaquín le hizo construir un palacete y, rodeándola de lujos y confort, le contrató profesores para que le enseñaran los respectivos modales de etiqueta de la corte de Río de Janeiro.

 




Pocos años después, Silvera da Mota fue requerido en la corte y, como ya era casado, no se atrevió a llevar a Beija; por lo que ella debía regresar a Araxá. Sin embargo, a pesar de ser ahora una mujer con una clara visión política, rica y poderosa —o tal vez precisamente por eso mismo—, se vio rechazada por su misma gente, que ahora la veían como la mujerzuela de su raptor. Pero esto no la amedrentó; se construyó un palacete similar al que tenía en Paracatu, y llevó ahí una vida de fiestas y aventuras amorosas. Se cuenta que Beija tuvo dos hijas: Thereza Thomasia de Jesús, fruto sus amores con Antonio Sampaio, el novio de su infancia con quien reanudó relaciones a pesar de que para entonces él ya se había casado; y Joana de Deus de São José, hija de otro de sus amantes, João José Carneiro de Mendoça, uno de los jefes políticos locales. El mito dice que Beija, cansada de los celos de Sampiao, quiso cortar sus relaciones con él; pero él la emboscó cuando se dirigía a su baño diario en los manantiales de Barreiro —a los que en buena medida debía su belleza—, y le pegó de tal forma que la dejó en cama durante meses. Tiempo después, el hombre fue asesinado y ella acusada como autora intelectual del crimen; pero una vez juzgada fue absuelta. Años más tarde, tras haber contratado un buen casamiento para sus hijas, Beija decidió mudarse a la villa de Bagagem Diamantina, el lugar donde emprendió un camino a la regeneración: Beija murió en el seno de la Santa Madre Iglesia, amortajada con el hábito carmelitano.




 

Lo anterior es lo que cuenta el mito, pero la historia basada en documentos —tal como la historiadora Spinoso Arcocha lo muestra—, nos narra algo muy diferente. En El beso del colibrí se observa que la frontera que separa a ambos relatos es muy tenue, tanto el mito como la historia son dos dos formas particulares de expresar una cierta realidad. ¿Pero quién era el personaje histórico que inspiró al mito? Los documentos nos permiten conjeturar que María Bernarda dos Santos y su hija Anna Jacinta de São José llegaron en algún momento impreciso entre las dos primeras décadas del siglo XIX a Araxá. Formaron parte de aquellos nuevos colonos que llegaron a la región, atraídas por las probabilidades económicas que ahí se ofrecían. Al igual que la mayoría de las mujeres del periodo colonial solteras, a veces madres, y en condición de penuria y abandono, María Bernarda y Anna Jacinta tuvieron que ejercer la prostitución para sobrevivir.

 

Es sabido que el comercio a menudeo que las mujeres efectuaban en pequeñas tiendas generaba otro tipo de actividades paralelas, no siempre líticas: el contrabando y el comercio sexual que se llevaban a cabo en las trastiendas. Lo anterior, como lo resalta Spinoso Arcocha, nos hace pensar en la posible libertad sexual que debía existir dentro de esta sociedad decimonónica brasileña, situada en las fronteras entre la civilización y los territorios incultos. Ejemplo de lo anterior es el nacimiento de Thereza, cuyos padrinos fueron los padres del cura bautizante, Francisco José da Silva; mismo que en 1831 reconocería ser el padre de la pequeña ante notario. Y aunque para la investigadora de este estudio no fue posible establecer cuándo comenzaron las relaciones entre Anna Jacinta y el cura, todo indica que no eran secretas ni ajenas a la familia. Durante el periodo colonial era una práctica bastante común apadrinar a los hijos ilegítimos, cuando no se podía establecer una relación explícita, pero se deseaba mantener un vínculo y una responsabilidad.

 




Por su parte, la mudanza a Bagagem debió darse después de 1852, cuando su hija Thereza y su yerno murieron, dejando seis hijos —de entre los cuales la mayor era una joven de 14 años de nombre Theodora, ya en edad de casarse con su tío Fortunato, hermano de su padre. Cabe mencionar que, al ser una colonia europea, en Brasil los matrimonios no se consagraban necesariamente por una relación amorosa, sino que eran más bien un contrato entre dos patrimonios.

 

Un año después del enlace matrimonial, Theodora murió durante el parto, y a Anna Jacinta se le confirieron los derechos hereditarios. Ante esto, el viudo intentó una maniobra para dividir la herencia. Lo anterior realmente fue su mayor transgresión y el condicionante de su mitogénesis: mujeres en calidad de soltera-madre-prostitutas abundaban en la colonia, pero no mujeres que en esas condiciones llevaran ante tribunales a hombres poderosos y los vencieran. En una sociedad patriarcal los códigos morales importaban, pero sobre ellos estaba la autoridad.

 

Poco a poco, el mito de Dona Beja adquirió tonos eróticos que serían su marca en el siglo XX. Entre 1913 y 1915, la publicación del relato del mito apareció en el periódico local Correio de Araxá como parte de las estrategias utilizadas por la clase media urbana del momento —los letrados—, que luchaban por encontrar un espacio dentro del sistema político que hasta entonces se apoyaba en las oligarquías agrarias —los coroneles. En ese sentido, para la mentalidad de la época las hazañas de Dona Beija y la figura metafórica del enemigo político que se quería combatir —encarnado en Fortunato— embonaban de manera adecuada. Spinoso Arcocha concluye que el mito de Dona Beija es un producto del siglo XX, y de una clase media que lo construyó con el propósito de buscar un reconocimiento en la región que vivía un proceso de afirmación identitaria.

 


Esta es la única fotografía que, se piensa, es de Anna Jacinta; tomada cuando ésta era ya mayor.

 

[1] Ciudad de la región del Alto Paranaíba, junto a la región del Triángulo Minero, situada al oeste de Minas Gerais, estado que, con el de Sao Pulo, Río de Janeiro y Espíritu Santo, integran la región sudeste del Brasil.

 

[2] Durante la época colonial el Nuevo Mundo contó con una administración particular, dentro de la cual figuraba La Real Audiencia que dentro de dicho territorio, era el supremo tribunal de justicia. Los oidores eran funcionarios que conformaban dicha Audiencia, y tenían por misión oír a las partes y autoridades involucradas en algún caso en particular, y dictaminar sentencia en los casos que la ley así lo determinara.


**


Entender el feminismo no es tarea fácil, sin embargo autoras como Simone de Beauvoir han logrado poner en palabras uno de los debates más complejos de nuestra historia. Si te interesa conocer más sobre la lucha feminista, estos son los tres libros imperdibles para conocer los principios fundamentales del feminismo.



Andrea Prado

Andrea Prado


Colaborador
  COMENTARIOS