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HISTORIA

El mundo de Agartha, la supuesta ciudad perdida bajo la tierra

La leyenda cuenta que es un país debajo de la Tierra cuyos habitantes viven en un país ultra tecnificado.

Todo el mundo ha escuchado la leyenda de la Tierra Hueca, esa que dice que nuestro planeta no tiene un centro incandescente de plasma en su interior, sino un mundo parecido al nuestro: sus habitantes alcanzaron un nivel cultural y tecnológico tan grande que les permitió evolucionar a niveles insospechados, lejos de la luz del Sol. La capital de este país subterráneo era llamada Agartha.

La primera referencia que hay sobre la tierra de Agartha se dio en el siglo XVII. Fue el sacerdote jesuita, políglota, erudito, estudioso orientalista, de espíritu enciclopédico y científico Athanasius Kircher, quien en 1638 sugirió que el planeta estaba “hueco”.

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La escritora, ocultista y teósofa rusa Helena Blavatsky, también conocida como Madame Blavatsky, aseguraba que Agartha (a la que ella denomina la Logia Blanca) fue fundada hace unos quince millones de años sobre lo que era una isla en el «mar de Gobi» ―hoy desértico― donde aterrizaron los Señores de la Llama, semidioses provenientes del planeta Venus. Helena afirma que este mundo subterráneo pudo haber inspirado creencias religiosas antiguas como el Hades, el Sheol y el Infierno.

La idea fue retomada los siglos siguientes por magos y sectas secretas, que fueron añadiendo elementos a esta idea hasta el Siglo XX. Basados en las mitologías griega y cristiana, los líderes del Tercer Reich comenzaron la búsqueda del inframundo (el Hades y el Tártaro), partiendo de las supuestas entradas al mundo hueco que se encontraban en los polos planetarios. Su idea era llegar al lugar en el que moran los muertos y adquirir ventajas sobrenaturales sobre sus enemigos.

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Los ocultistas de la época decían que Agartha era iluminada por una fuente inagotable de poder que además llenaba de vitalidad a sus habitantes, unos seres de conocimientos ancestrales que habían evolucionado más allá de la humanidad y su tecnología escapaba del entendimiento humano. Este “sol” intraterrestre alumbraba siempre la tierra de Agartha, por lo que sus habitantes vivían siempre de día.

Los nazis querían controlar la energía y tecnología de Agartha, así que realizaron varias exploraciones. Algunos autores cuentan que el propio Hitler envió una expedición al Tíbet al mando de Ernst Schäfer, acompañado por “cinco sabios alemanes” y varios soldados para entablar “lazos con los misteriosos habitantes de las cavernas, pertenecientes al pueblo de Agartha”. No hay datos que confirmen dicha expedición y menos que hayan encontrado Agartha, pero sí entablaron relaciones con los tibetanos.

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Pero la búsqueda de esta tierra no se quedó en los alemanes. El autor ítalo-estadounidense F. Amadeo Giannini, un devoto cristiano, tomó la idea de ‘El viaje al centro de la Tierra’ de Julio Verne y creó la teoría de la Tierra Plana (que hoy en día sigue siendo popular entre los terraplanistas). En su libro The World Beyond The Poles aseguraba que el aviador estadounidense Richard Evelyn Byrd encontró la entrada al mundo hueco luego de volar 2300 millas al interior. Ahí convivió con un humanoide que le pidió llevara un mensaje de paz a la humanidad. Según Giannini, Byrd había escrito todo esto en un diario secreto.

Gracias a los satélites sabemos hoy que no existen tales entradas en los polos sur y norte, y, aún más importante, sabemos que nuestro planeta no está hueco. Eso no ha detenido a la imaginación humana que ha tomado como referencia a la nación oculta de Agartha para crear novelas, música, películas, animaciones, obras de arte y más.

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