La cruel tortura de estar vivo mientras miles de insectos devoran tu cuerpo

Martes, 28 de noviembre de 2017 12:05

|Rodrigo Ayala Cárdenas
escafismo

El Imperio Persa capturaba esclavos para torturarlos con un método espantoso en el que morían lentamente.



La primera y más terrible máquina de tortura que existió en la historia de la humanidad fue la mente humana.


Sólo ella ha sido capaz de concebir herramientas e instrumentos para causar un sufrimiento indecible a sus congéneres desde que el humano se vio obligado a exterminar a sus semejantes por conseguir intereses políticos, financieros o territoriales. Un ejemplo ilustrará que la genialidad del hombre muchas veces ha servido para inventar horrores difíciles de creer: Falaris fue uno de los más terribles tiranos de Sicilia. Encargó a Perilous el griego que creara un arma de tortura que hiciera sufrir a sus víctimas un dolor terrible e inmenso.


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Perilous le entregó el Toro de Falaris: una enorme pieza hueca de bronce con la forma de un toro en la que cabía una persona. Los únicos orificios eran en la nariz y los ojos de la bestia. Una vez que alguien estaba dentro se prendía fuego en la parte baja del toro para que éste se fuera calentando hasta hacer arder al ejecutado. El primero en ser asesinado en este instrumento fue su propio inventor por órdenes de Falaris.


Si esto te ha parecido cruel, existió otro método tal vez más terrible inventado por el imperio persa en el año 401 a. C. Los persas eran adeptos a tomar esclavos en las batallas que libraron contra sus enemigos en Asia Oriental y algunas partes de Europa. Consistía en una caja de madera con orificios en la que una persona era introducida. Por medio de los agujeros, a los que se les ponía leche y miel en las orillas, el preso podía sacar su cabeza, brazos o piernas. Atraídos por el aroma de la mezcla de alimentos, los insectos llegaban a comer y después seguían con la piel herida de los esclavos. Además, los cuerpos les servían para depositar sus huevecillos.


escafismo 2


El primero en describir los procedimientos de esta tortura, conocida como escafismo, fue Plutarco en su libro Vidas paralelas: «Mandó el rey Artajerjes II, pues, que a Mitridates se le quitara la vida, haciéndole morir enartesado, lo que es en esta forma: tómanse dos artesas hechas de madera que ajusten exactamente la una a la otra, y tendiendo en una de ellas supino al que ha de ser penado, traen la otra y la adaptan de modo que queden fuera la cabeza, las manos y los pies, dejando cubierto todo lo demás del cuerpo, y en esta disposición le dan de comer, si no quiere, le precisan punzándole en los ojos; después de comer le dan a beber miel y leche mezcladas, echándoselas en la boca y derramándolas por la cara: vuélvenle después continuamente al sol, de modo que le dé en los ojos, y toda la cara se le cubre de una infinidad de moscas».


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«Como dentro no puede menos de hacer las necesidades de los que comen y beben, de la suciedad y podredumbre de las secreciones se engendran bichos y gusanos que carcomen el cuerpo, tirando a meterse dentro. Porque cuando se ve que el hombre está ya muerto, se quita la artesa de arriba y se halla la carne carcomida, y en las entrañas enjambres de aquellos insectos pegados y cebados en ellas. Consumido de esta manera Mitridates, apenas falleció el decimoséptimo día».


Durante días o semanas, el sufrimiento de los presos era indescriptible y agonizante. Sus gritos pidiendo misericordia debieron ser terribles, mientras los verdugos persas los seguían alimentando sistemáticamente con altas cantidades de miel y leche en mal estado, de tal manera que tuvieran constantes diarreas y que el suelo se impregnara de sus deshechos, mismos que atraían un mayor volumen de insectos. Los animales se metían por el ano de la víctima, lo que favorecía para que pusieran sus larvas en un ambiente propicio para su desarrollo. Cuando los huevecillos eclosionaban comenzaban a comerse a la víctima de dentro hacia afuera.


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Otra variante era introducir a los esclavos de guerra en el cuerpo de un caballo muerto para que la putrefacción de sus heridas y las del animal le hicieran experimentar una tortura mayor. Esta práctica también se llevaba a cabo en un barca con el mismo procedimiento ya descrito. Cualquiera que fuera la manera, esta tortura es un ejemplo que ilustra a la perfección el ingenio de la mente humana para crear modelos de muerte eficaces pero al mismo tiempo monstruosos.


Los persas se caracterizaron por crear métodos de tortura en extremo crueles. Su sanguinaria imaginación brilló mediante castigos como aquél que tuvo que soportar un juez cuando fue descubierto aceptando un soborno. El rey Darío se aseguró de que el hombre fuera ejecutado de manera memorable y sus sucesores no incurrieran de nueva cuenta en un acto tan poco honroso. Decidió desollarlo vivo y ordenó que con su piel se forrara una silla donde tendría que sentarse su sucesor, mismo que fue el hijo del ejecutado.


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Rodrigo Ayala Cárdenas

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