
Este articulo fue publicado originalmente por Alejandro I. López el 18 de marzo de 2019
Enclavada en medio de la selva del sureste mexicano, la ciudad maya de Palenque se mantuvo oculta por más de quinientos años desde el momento de su abandono hasta finales del siglo XVIII, cuando fue redescubierta por las primeras expediciones novohispanas que encontraron algunos bloques de piedra y estructuras perdidas entre la densa vegetación.
El Castillo de Palenque (1863). Fotografía de Désiré Charnay. En Désiré Charnay, Cités et ruines américaines, Mitla, Palenqué, Izamal, Chichen-Itza, Uxmal , Paris, Librarie Gide.Es probable que esos exploradores jamás imaginaran que cada paso les acercaba más a revivir los vestigios de decenas de templos, plazas, palacios, tumbas y acueductos de la capital de una poderosa dinastía que durante su esplendor llegó a albergar unos 8 mil habitantes.
El 15 de junio de 1952 tuvo lugar el descubrimiento más importante de la arqueología mexicana en el siglo XX:
Trabajador en el interior del túnel que conduce a la cripta de Pakal (c.1952). Fototeca Nacional, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.
Escaleras de acceso a la Tumba de Pakal (c.1952). Fototeca Nacional, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.
Vista del corredor de acceso a la Tumba de Pakal (c.1952) Fototeca Nacional, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.
Vista de la entrada a la cripta de Pakal (c.1952). Fototeca Nacional, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.A partir de una losa colocada en la parte superior del Templo de las Inscripciones, un equipo de arqueólogos liderado por Alberto Ruz Lhuillier decidió ir en busca de un espacio que parecía hueco al interior de la pirámide. Después de tres largos años de un cuidadoso trabajo de remoción de escombros que se habría paso al fondo del Templo y tras descender 42 escalinatas, el equipo alcanzó un espacio: una cámara mortuoria de poco más de 21 metros cuadrados apareció ante los ojos de Ruz Lhuillier y compañía.
Los restos óseos de seis personas confirmaban una de las hipótesis iniciales, estaban frente a la tumba de K’inich Janaab’ Pakal, el último señor y gobernante conocido de Palenque.
Bajorrelieve de Pakal, lápida, Templo de las Inscripciones (1950). Fototeca Nacional, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.
Vista de la cripta de Pakal, detalle (1950). Fototeca Nacional, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.
Vista general del interior de la tumba de Pakal (1952). Fototeca Nacional, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.
Lápida de Pakal in situ, Templo de las Inscripciones (c.1952). Fototeca Nacional, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.No obstante, para acceder al sarcófago debían superar un último obstáculo, una lápida de casi siete toneladas de peso con un enigmático bajorrelieve detallado con la imagen del gobernante en su viaje al inframundo que grosso modo, describe la cosmogonía maya respecto a la muerte.
Cuando el hallazgo fue presentado a la prensa, la lápida fue malinterpretada y algunos conspiracionistas intentaron ver en ella una especie de nave espacial o un tablero parecido al mando de control de un avión, de ahí que Pakal sea popularmente conocido como desde entonces como el “astronauta” maya de Palenque.
Conoce el significado de la lápida funeraria del gobernante maya luego de leer Qué significa la lápida de Pakal y por qué no representa una nave espacial.
Relieves de la Lápida de Pakal, detalle (1950). Fototeca Nacional, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.
Torso de Pakal, detalle de bajo relieve en la lápida de su sarcófago (c.1952). Fototeca Nacional, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.
Lápida de la tumba de Pakal (c.1952). Fototeca Nacional, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.
Osamenta de Pakal al momento de su descubrimiento (c.1952). Fototeca Nacional, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.
Osamenta de Pakal, vista (1952). Fototeca Nacional, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.
Detalle de la osamenta de Pakal (1952). Fototeca Nacional, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.
Vista de la osamenta de Pakal en proceso de exploración (1952). Fototeca Nacional, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.
Máscara funeraria de Pakal, vista lateral (1952). Fototeca Nacional, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.
Retrato de Alberto Ruz L’Huillier en la cripta funeraria de la Tumba de Pakal, bajo la lápida. Templo de las Inscripciones. (c. 1952). Archivo maestra Celia Gutiérrez viuda de Ruz L’HuillierSus restos óseos estaban acompañados de un ajuar funerario compuesto de un collar de jade, además de orejeras, anillos y brazaletes. Su rostro estaba cubierto con una máscara elaborada con más de 300 piezas de jade. Se trataba de las piedras preciosas que habrían de acompañarlo en su descenso al inframundo.
Casi siete décadas más tarde, el acceso a la tumba de Pakal en el Templo de las Inscripciones se mantiene cerrado al público debido a su rápida descomposición, en especial debido a los millones de turistas recibidos desde la apertura de la zona arqueológica. No obstante, es posible conocer las réplicas de la tumba de Pakal, tanto en el museo de sitio que se encuentra dentro de la zona arqueológica, como en el Museo Nacional de Antropología, en la Ciudad de México.
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