La gente de Yemen no sólo se está muriendo por los bombardeos, sino por el hambre. A mediados de Noviembre, la ONU determinará cuán cerca está Yemen de una hambruna. Este tipo de declaración sólo ha ocurrido dos veces en los últimos 20 años, en Somalia y el Sudán del Sur.

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Guerra civil y la Operación Tormenta Decisiva
Yemen se encuentra en guerra desde el 2015 después de que en el 2014 ocurriera un golpe de Estado que desencadenó una guerra civil en el país. La situación se agravó y la guerra se declaró formalmente cuando Arabia Saudita y otros Estados árabes formaron una coalición e intercedieron en el conflicto —bajo la misión Operación— al bombardear el territorio de Yemen bajo el supuesto de repeler las fuerzas hutíes, un grupo insurgente que apoya al expresidente Alí Abdalá Salé y que a la fecha es uno de los protagonistas del conflicto armado. Los hutíes han sido respaldados por Rusia y Corea del Norte, además de que se sospecha de por Irán, aunque las dos naciones lo han negado.

Por su parte, la coalición árabe incluye países como Egipto, Jordania, Marruecos, los Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, además de contar con el respaldo de Estados Unidos, Turquía, Reino Unido, Francia, España, Alemania, entre otros.

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La crisis humanitaria: hambre, pobreza y muerte
Sin embargo, a pesar de los actores externos, la mayor causa de indignación entre la comunidad internacional ha sido el impacto que tal guerra ha tenido sobre la población yemení. El conflicto armado ha provocado una hambruna severa, falta de trabajos, algunas decisiones equivocadas sobre el manejo de la moneda nacional provocaron una grave devaluación, el desplazamiento de la gente, epidemias como el cólera y por supuesto, la muerte de cerca de 10 mil personas y hasta 40 mil heridos.

El origen de la hambruna radica exclusivamente en que la gente no tiene los ingresos para poder comprar comida. Es decir, aquellos que no han perdido sus cultivos o negocios, aún pueden cultivar, pescar o tener ganado, sin embargo, el encarecimiento de todos los productos ha provocado que los más vulnerables no sean capaces ya sea de desempeñar dichas actividades económicas o vender sus nulas posesiones para conseguir comida.

Esto aunado a la destrucción sistemática de puentes y vías de comunicación que imposibilitan la distribución de comida, provoca un aumento considerado de los precios. La destrucción no se limita a ello; los bombardeos —auxiliados por el empleo de municiones de racimo, mismas que están prohibidas internacionalmente y el armamento estadounidense— también han tenido como blanco clínicas y hospitales, así como edificios de viviendas y eventos sociales como bodas.

Los yemeníes solo tienen dos opciones: huir o quedarse e intentar sobrevivir. Hasta el momento 3 millones de personas han sido obligadas a desplazarse a causa de los combates y cerca de 2.5 millones de niños se han quedado sin la oportunidad de acudir a las escuelas. Asimismo, la falta de servicios sanitarios y atención en clínicas y hospitales lleva a la población a inventar remedios poco efectivos para intentar curar a sus hijos, como quemar con un palo caliente su pecho y estómago para detener los vómitos y diarrea.

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Sensacionalismo o denuncia social
El conflicto y sus graves consecuencias han provocado que periodistas y fotoperiodistas se desplacen hasta Yemen para documentar las atrocidades de la guerra. Aunque los saudíes han prohibido la entrada de periodistas extranjeros al norte de Yemen, es decir, la zona con mayores bombardeos y donde la hambruna es mucho más severa.

Tyler Hicks es uno de esos fotoperiodistas en Yemen que han reportado la situación. Él se concentró exclusivamente en la problemática de la hambruna y de los niños que están falleciendo a causa de ello. Este tipo de fotografía ha provocado indignación, pero no precisamente porque esté sucediendo, sino por lo gráficas que pueden ser las imágenes.

La crítica hacia este tipo de trabajo fotográfico llevó a que el propio New York Times hiciera una carta al público explicando sus razones detrás de la publicación del contenido. Ellos explican que la decisión no se toma a la ligera, y que hay una gran cantidad de imágenes que no se publican porque son de una naturaleza muy cruel, pero muchas otras, a pesar de ser cruentas, necesitan ser publicadas.

«Los periodistas trabajando en zonas de conflicto, incluyendo nuestro fotógrafo Tyler Hicks, arriesgan sus vidas para traer imágenes que a veces pueden ser difíciles de mirar. Pero creímos que sería un deservicio para las víctimas de esta guerra publicar imágenes menos explícitas que no reflejan completamente su sufrimiento». Afirmó David Furst, Editor de fotografía internacional del New York Times.

El New York Times resume no sólo lo que sucede con la fotografía de Hicks y el conflicto de Yemen, sino de mucho del trabajo periodístico en zonas de conflicto o con graves situaciones humanitarias.
«Sí, las imágenes de Tyler son difíciles de mirar. Son brutales. Pero también son brutalmente honestas. Revelan el horror que Yemen es actualmente. Puedes elegir no verlas. Pero pensamos que ustedes deberían ser quienes decidan».

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Encuentra más del trabajo fotográfico de Tyler Hicks para el New York Times aquí o en World Press Photo.
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