El 11 de marzo de 2011, un terremoto de magnitud 9.0 sacudió las costas de Japón, desencadenando un monstruoso tsunami que golpeó con una fuerza implacable. Pero la naturaleza tenía aún una carta más devastadora bajo la manga: el desastre nuclear de Fukushima.
Este evento marcó un antes y un después, no solo en la historia de Japón sino en la conciencia nuclear global e inevitablemente el reciente terremoto magnitud 6 que sacudió de nueva cuenta Fukushima nos ha traído a la mente la tragedia de 2011.
Los pueblos fantasma de Fukushima
Ante el accidente nuclear de Fukushima, Japón decidió hacer una evacuación masiva y rápida, por lo que más de 100 mil personas tuvieron que abandonar sus hogares y dejar su vida atrás pata huir del peligro invisible de la radiación.

Luego de la pesadilla, las autoridades establecieron una zona de exclusión de 20 km alrededor de la planta, perímetro que dejó inabitables varios pueblos que con el paso del tiempo terminaron por convertirse en verdaderas ciudades fantasmas.

Lugares como Tomioka, Futaba, Namie y Okuma quedaron congelados en el tiempo entre casas, tiendas y escuelas vacías que poco a poco han sido reclamadas por la naturaleza convirtiendo el paisaje en un cuadro de soñador y aveces escalofriante.

Y aunque algunas personas han empezado a regresar a algunos de los pueblos de Fukushima la verdadera pregunta es si esto es seguro a pesar de de que 13 años después de la catástrofe la zona de exclusión se han reducido.

No hay duda de que tragedia de Fukushima nos recuerda los peligros de la energía nuclear, pues aunque en ella algunos ven una solución al cambio climático, otros solo ven un constante recordatorio de su potencial para el desastre.
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