Hay historias que no nacen en escenarios perfectos ni con condiciones ideales. La de Regina Martínez empieza, irónicamente, lejos de la nieve, de las montañas y de cualquier postal olímpica. Empieza en largos turnos en urgencias, noches sin dormir, burnout emocional y una rutina que a muchos les resultaría suficiente para rendirse.
Regina es mexicana y doctora, tiene 33 años y trabaja en servicios de urgencias en Estados Unidos. Su día a día no es glamoroso: ver muerte, dolor y crisis ajenas casi todos los días. Aun así, cuando salía del hospital, no se iba directo a descansar, en su poco tiempo libre, paseaba perros, los cuidaba y ahorraba cada dólar posible.
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No para un viaje, no para lujos, sino para algo mucho más grande: clasificar a los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina en esquí de fondo, y sí, aquí viene la parte que suena a chiste del universo: Regina vivía en Miami, en la playa, cero nieve. Practicar esquí de fondo ahí es básicamente imposible, pero eso no la detuvo.
Ella es Regina Martínez, la doctora mexicana que empezó paseando perros y ahora compite en los Juegos Olímpicos de Invierno

Su historia con el esquí no empezó en Florida, sino en Minnesota, cuando estudiaba Medicina. Ahí enfrentó inviernos durísimos, días eternamente grises y una depresión estacional que la estaba consumiendo. Fue en ese momento cuando vio los Juegos Olímpicos de Pyeongchang 2018 y la historia de Germán Madrazo, el mexicano que compitió en esquí de fondo a los 43 años, después de haber aprendido a esquiar apenas un año antes.
Algo hizo clic en ella y lo dice claro: “El esquí me salvó la vida”. No como metáfora, sino como una forma real de salir del hoyo mental en el que estaba. Ver a alguien como ella, mexicano, sin una trayectoria “perfecta”, compitiendo en unos Juegos Olímpicos, le abrió una puerta que ni siquiera sabía que existía.

Se animó tanto que contactó a Madrazo por internet, y él mismo la asesoró para empezar. Lo que siguió fue una mezcla de disciplina, sacrificio y unas ganas de lograrlo que no todos tienen. Cuando su residencia médica la llevó a Miami, Regina ya no tenía nieve cerca, pero sí una meta clara. Así que se metió a trabajar como paseadora de perros y ahorraba entre el 60 y 70% de su sueldo, para poder comprar el equipo que necesitaba y para viajar a lugares con nieve para entrenar.
“Durante la residencia me puse a caminar perros. También a cuidarlos en una especie de hotelito para perros. Iba ahorrando además el 60 o 70% de lo que ganaba en el hospital. Con todo ese esfuerzo pude comprar el material con el que vengo a los Juegos Olímpicos o irme a entrenar a otros lugares” dijo Regina.

Regina entrenó y se esforzó tanto por su sueño y ya ha competido en tres Campeonatos Mundiales de esquí de fondo, su mejor resultado fue un 77º lugar en Noruega, nada mal para alguien que empezó sin infraestructura, sin apoyo institucional fuerte y sin nieve cerca de casa.
Su historia no va de entender que los sueños no siempre llegan en el mejor momento, que a veces nacen cuando estás cansada, triste o lejos de casa. Regina no dejó de ser doctora para ser atleta, ni dejó de ser atleta para sobrevivir, hizo ambas cosas al mismo tiempo, como pudo y con lo que tenía.
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