Con la llegada del otoño, parece que a la mayoría de la gente sólo se le ocurre una cosa: se acerca Halloween. En el momento en que comienza octubre, todos entramos en el espíritu de Halloween y comenzamos a pensar en qué disfraz usaremos, qué películas de terror veremos, qué delicias serviremos en nuestra fiesta de Halloween y por supuesto, qué tipo de decoración vamos a colocar en nuestros hogares.
Una de las decoraciones que todos encontramos en todos los supermercados, lugares de decoración e incluso en Internet, son las icónicas lámparas con forma de calabaza y bombillas de color naranja en su interior, que todos conocemos como Jack-O’-Lantern. Sin embargo, más que una decoración linda o cool, estas lámparas tienen un origen espeluznante.

El origen de Jack-O’-Lantern
La tradición comenzó en Europa Occidental, concretamente en los países celtas de Irlanda, Inglaterra, Gales, Escocia y parte de Francia. La idea de decorar la calabaza, que es una fruta de temporada, y también ponerle velas para formar faroles tiene su origen hace siglos.
Los celtas celebraban, en lugar de Halloween, el festival Samhain, que tenía lugar a finales del verano, cuando supuestamente caía la barrera entre humanos y espíritus. Además de esta actividad, realizaban más festividades, que ahora son consideradas paganas, como la predicción del futuro, actos de magia y ofrendas iluminadas con lámparas hechas con calabazas para ahuyentar a los malos espíritus.
Sin embargo, cuando el cristianismo llegó a su región, algunas de sus celebraciones fueron modificadas, y la principal fue convertir Samhain en Halloween. Según la Biblia, existían personajes que representaban el bien y el mal, estos se convirtieron en la principal inspiración para darle significado a estas lámparas a la nueva tradición sincretizada. Sin embargo, la aterradora historia de Jack-O’-Lantern permaneció durante la festividad.

Según la leyenda, un irlandés conocido por ser un mentiroso se encontró con el diablo, al que invitó a tomar una copa. Como era un hombre tacaño le pidió al Diablo que se convirtiera en una moneda de plata para poder pagar sus bebidas.
Sin embargo, Jack tomó la moneda y la puso dentro de su bolso, haciendo imposible que el Diablo volviera a su forma original.
Después de algún tiempo, Jack negoció con el Diablo; este último le juró que tomaría su alma. Toda su vida se dedicó a realizar actos de mala fe, por lo que cuando falleció, no se le permitió entrar al paraíso, pero tampoco al infierno, ya que el Diablo estaba dispuesto a cumplir su promesa.
Entonces, Jack quedó deambulando entre ambos mundos, y la cara de la calabaza supuestamente es la suya; observar cómo pasa la vida, pero no poder ser parte de ella. ¿Te sabías la historia de Jack-O’-Lantern?
Este artículo originalmente fue escrito por Isabel Carrasco en inglés para CC+
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