Donceles 98: el lugar maldito al que nadie se atreve a entrar

Miércoles, 25 de julio de 2018 17:06

|Eduardo Limón
la leyenda de la calle de donceles 98

En la calle de Dónceles, en el Centro Histórico de la CDMX, se esconde una leyenda y un crimen oscuro que muy pocos conocen.


Si has ido al Centro Cultural de España, a la librería Porrúa, a San Ildefonso, a pescar útiles escolares en esos días de ajetreo vacacional o a buscar un buen precio para el revelado de tus fotos, seguro has pasado por este lugar y nunca te imaginaste que en su interior se esconde una gran leyenda de la ciudad.


En el predio de lo que hoy es una tienda de fotografía tomó lugar una de las masacres múltiples más sonadas en nuestra ciudad. Misma que conjuga misterios realmente profundos y especulaciones paranormales que aún no son resueltas. 


A finales de los años 1700, un próspero comerciante conocido como Don Joaquín Dongo vivía en la Calle de Cordobanes número 15 –hoy la calle a Donceles con el número de inmueble 98)–, donde además, guardaba los resultados y ganancias a partir de su éxito en los negocios. Un 24 de octubre, junto a otras 11 personas, el gran señor fue asesinado de manera brutal. La especulación primera fue que habían sido apuñalados, pero el verdadero método del homicidio y sus motivos eran más tenebrosos y complejos que eso. 


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Para saber lo que en realidad sucedió podemos partir de lo recogido en el texto La vida en México de Madame Calderón de la Barca, el cual abrió las anécdotas e investigaciones en torno al asesinato del rico comerciante:


«Una noche (los asesinos) sabedores de que Dongo estaba ausente, remedaron los toques que solía dar el cochero para que les abrieran las puertas. Así se colaron los ladrones en la casa. Fue su primera víctima el portero. Le derribaron en tierra y acabaron con él a puñaladas. Le siguió en turno un indio (…) después la cocinera y así sucesivamente hasta que once personas estuvieron tendidas en el suelo revolcadas en sangre».


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Los primeros datos recogidos apuntaron a que el móvil del homicidio fue un hurto común y que todo devino en tragedia; sin embargo, para vecinos y gente cercana, las indagaciones apuntaron a motivos que provenían de rumores ya bien esparcidos y siniestros: que Don Joaquín había obtenido su fortuna gracias a un pacto con el diablo. Según el vox populi, la muerte de su familia y de sus criados fue consecuencia de que el señor se había negado, una vez logrado su cometido ambicioso, a rendir la veneración convenida al demonio. Según estas historias de tono macabro, fue Satanás el que dirigió las manos de quienes perpetraron el crimen.


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Otros, dijeron que fue el mismo diablo quien lideró a los tres asesinos culpados durante el atroz hecho. Esos tres hombres, conocidos bajo los apellidos de Aldama, Dávila y Blanco, al ser capturados, confesaron sin remitir ninguno de sus comentarios a presencia sobrenatural alguna. Los escépticos aseguraron que la Santa Inquisición torturó a Blanco para que se asumiera culpable de un crimen que jamás cometió, y que además señalara a dos cómplices sin motivo alguno. Cuentan que esta teoría coincide con la disposición del virrey Revillagigedo de ejecutar una política de orden basada en el miedo y la rigidez de las leyes.


Todos ellos fueron ejecutados públicamente por la pena del garrote. El verdugo les cortó las manos y las expuso tanto en el lugar del crimen como en la casa en donde el plan se elucubró.


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Hoy, el inmueble es un lugar asediado por las sombras y los malos recuerdos. Aunque la casona original fue demolida y suplantada por el edificio que ahora vemos, totalmente funcional y modernista sin el más mínimo interés estético, el predio sigue siendo un sitio temido por su enigma paranormal. Recordado por ser la geografía de un asesinato que causó revuelo en su época pero, sobre todo, visto con recelo porque las creencias populares lo identificaron como un punto de la ciudad en donde la maldad que no puede ser vista ejerció sus poderes.

REFERENCIAS: Nexos
Eduardo Limón

Eduardo Limón


Editor de Moda
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