La Ciudad de México sigue tratando de procesar lo que pasó en el Puente de La Concordia, en Iztapalapa, donde la explosión de una pipa con más de 50 mil litros de gas LP cambió la vida de decenas de familias. Hasta ahora se reportan 19 víctimas mortales y más de 30 heridos, entre ellos bebés y niños pequeños.
La escena fue tan devastadora que, incluso una semana después, sigue siendo tendencia y conversación en redes sociales. Entre las víctimas se encuentra Fernando Soto Munguía, de 34 años, el chofer de la pipa, quien perdió la vida el pasado 16 de septiembre tras pasar varios días en terapia intensiva.
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Su historia, sin embargo, ha quedado en medio de un debate público que refleja algo más profundo: cómo en México la culpa siempre parece buscar un rostro, aunque la realidad sea mucho más compleja.
Lo que no te contaron del chofer de la pipa que explotó en Iztapalapa

Testigos cuentan que Fernando salió tambaleándose de la unidad después de que la pipa se volcara. Su ropa ya estaba quemada, pero alcanzó a gritar: “Esto va a explotar”, algunos aseguran que intentó abrir válvulas para evitar lo peor, aunque su estado no se lo permitió. Minutos después, la escena se volvió caótica: fuego, humo y familias tratando de correr sin saber a dónde.
La Fiscalía de la CDMX abrió una investigación señalando exceso de velocidad como la posible causa del accidente. Esa versión fue suficiente para que en redes sociales muchos aseguraran que el chofer era el único responsable de la tragedia. Pero justo aquí comienza la parte de la historia que no ha sido contada con suficiente fuerza: hay quienes defienden que Fernando no solo no iba a exceso de velocidad, sino que incluso hizo lo posible por salvar vidas.
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Eva María Beristáin, vecina de la zona y una de las primeras en llegar a ayudar, contó entre lágrimas que es injusto responsabilizar al chofer de todo. En su testimonio, recogido por medios locales, detalló que la carretera estaba llena de baches, mismos que ya habían sido denunciados por la comunidad desde antes del accidente.

“No sé qué pasó con el conductor, pero lo que sí es un hecho es que las cámaras no mienten. Él no se veía a exceso de velocidad, todavía salió y empezó a gritar: esto va a explotar. Hizo lo que pudo. No se vale que él cargue con todo cuando sabemos, y te digo porque yo manejo por aquí, hay muchos baches aquí, y con la lluvia se puso peor”
Vecinos también relataron que, irónicamente, la misma noche del accidente comenzaron a tapar los baches de la zona “como locos”, en un intento de corregir lo que ya había costado vidas.
¿Quién era Fernando Soto, el chofer de la pipa que explotó?
Fernando Soto Munguía tenía 34 años. Era trabajador, padre de familia y, como muchos en este país, salía cada día con la esperanza de regresar a casa, en grupos de empleados de la empresa dueña de la pipa se filtraron mensajes que supuestamente revelan que él ya había advertido que esa unidad no estaba en buenas condiciones. “Era vieja”, “ya chillaba la válvula”, se lee en algunos comentarios, pero, como suele pasar, nadie hizo caso.
Del que nadie habla el señor de la pipa,un chofer de unos 35-40 años manejaba la pipa que explotó en Iztapalapa. Testigos dicen que antes de la explosión gritó para que la gente corriera y trató de abrir válvulas pero no lo logró.
Murió con la ropa quemada, intentando ayudar. pic.twitter.com/eiiUvS7jMg— Samantha Mejía (@SamanthaMej1a) September 12, 2025
Porque trstemente en México no es raro escuchar historias de trabajadores que levantan la voz y no son escuchados hasta que ocurre una tragedia. Y entonces, cuando la desgracia se hace pública, es más fácil culpar al último eslabón de la cadena que señalar a las empresas, autoridades y sistemas de supervisión que deberían garantizar seguridad.
Fernando no sobrevivió al accidente y se confirmó su muerte la noche del 16 de septiembre, de acuerdo con el reporte se encontraba en el hospital de traumatología Victoriano de la Fuente Narvaez. Ahora, cientos de usuarios en redes sociales están exigiendo justicia para Fernando y su familia.
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