Macaria es Doña Magda para millones de mexicanos: la señora gruñona de Vecinos que nos hizo reír durante años. Pero su nombre real es Delia de la Cruz, y su historia empieza décadas antes del vecindario, en los años 60, cuando era una actriz de cine y televisión que convivía con estrellas internacionales. Incluyendo, sí, a un tal Elvis Presley. Macaria Vecinos
Delia de la Cruz: la actriz que existía mucho antes del vecindario
El personaje de Doña Magda es tan grande que terminó por opacar a la mujer que lo interpreta. Delia de la Cruz comenzó su carrera en el cine y la televisión mexicana desde los años 60, en una época donde el entretenimiento nacional tenía un glamour muy distinto al de las comedias familiares de hoy. Fue parte de producciones que hoy pertenecen a los archivos polvorientos de la Época de Oro tardía, esa que ya pocos recuerdan.
En esos años, Delia era joven y, según ella misma lo ha confirmado en entrevistas, contaba con una presencia que no pasaba desapercibida. Las fotos de la época lo sostienen: una mujer de facciones definidas, estilo cuidado y una energía muy distinta a la abuelita refunfuñona que el público de Canal 5 aprendió a amar.
El encuentro con Elvis: qué pasó de verdad
Durante años circuló el rumor de que Delia de la Cruz y Elvis Presley habían tenido algo. No es un mito completamente sin piso: ella misma ha contado que sí lo conoció, que el encuentro ocurrió en algún evento y que Elvis reparó en ella. Eso es lo que existe.
Lo que no existió, según la propia Delia, fue ninguna relación amorosa. Ella lo ha desmentido con claridad en más de una ocasión. Pero la historia ilustra algo que vale la pena notar: las estrellas mexicanas de los 60 se movían en círculos que cruzaban fronteras, y una actriz como Delia tenía la presencia para que el artista más famoso del mundo volteara a verla. Eso no es poco.
El rumor sobrevivió décadas probablemente porque la combinación de ‘actriz mexicana + Elvis’ suena a ficción. Pero también porque Delia nunca lo negó con el escándalo que habría bastado para cerrarlo de una vez. Lo dejó vivir con una elegancia que, en retrospectiva, tiene mucho sentido para alguien que viene de esa escuela del entretenimiento.
Doña Magda como destino, no como límite
Hay algo que la historia de Delia de la Cruz deja muy claro: Doña Magda no fue el único capítulo de su vida, fue el que más vieron. Una carrera que arrancó en los años 60 y llegó hasta una de las comedias más populares de la televisión mexicana reciente es, por cualquier métrica, una carrera larga y sólida.
Amamos a Doña Magda, pero conocer a Delia de la Cruz hace que el personaje pese más. Detrás del camisón floreado y las quejas del vecindario hay décadas de trabajo, un México del entretenimiento que ya no existe y, de pasada, un encuentro con el Rey del Rock que ella misma recuerda sin exagerarlo. Eso, en este siglo de todo-se-vende-como-historia-épica, es bastante refrescante.

