Hitler animalista: el lado más dulce del dictador más terrible

miércoles, 12 de julio de 2017 8:02

|Rodrigo Ayala



Asesino de su propia especie. Exterminador de otras especies animales. Autor del cambio climático. Culpable de derrames de productos químicos en lagos o mares. Causante de que miles de bosques se incendien o desaparezcan debido a la inmisericorde tala de árboles. El ser humano se ha encargado de terminar con su mundo y los daños siguen presentándose en estos instantes. Lo anterior ha movido a la Asamblea General de las Naciones Unidas para proclamar el 3 de marzo como Día Mundial de la Naturaleza, con la finalidad de crear conciencia entre los países y la población de la importancia de tomar medidas para salvaguardar los recursos naturales de un planeta en deterioro.

Uno de los grandes criminales de la historia estaría encantado de apoyar estas medidas, si siguiera vivo. El líder del Tercer Reich, Adolf Hitler, y el partido nazi, eran fervientes defensores de la naturaleza y los animales, impulsando iniciativas y poniendo en vigor leyes estrictas que impidieran el daño a las especies vivas del planeta (fueron los primeros en apoyar leyes contra la vivisección, contra la caza y a favor del bienestar animal).

A partir de 1933, los nazis establecieron la Ley de Protección de los Animales, un año después entra en vigor la Ley del Reich de la Caza y en 1935 establecen la Ley de Protección de la Naturaleza. Estas leyes establecían, entre otros tópicos, formas que no causaran tantos daños a los caballos cuando los herraran y maneras en que las langostas fueran cocinadas sin que sufrieran en extremo. En el gobierno de Hitler ningún tipo de maltrato animal estaba permitido.

El amor que el Führer demostraba por su perra pastor alemán Blondi es una de las peculiaridades de Hitler y signo del amor que tenía por la naturaleza y la vida, algo que no lo llevó a detenerse cuando comenzó la masacre de millones de inocentes en el holocausto durante la Segunda Guerra Mundial. Blondi permaneció al lado de Hitler, en su búnker, cuando el líder nazi ya estaba acorralado por sus enemigos. Su régimen se distinguió por contar entre su cuerpo de colaboradores con ambientalistas que preferían las dietas vegetarianas a las carnívoras.

Sin embargo, tras este cuidado exacerbado al ambiente se esconde parte de la filosofía que definió a los nazis: la pureza de raza, la ley del más fuerte que sobrevive bajo todo tipo de condiciones. Los alemanes eran personas orgullosas de su especie y rendían culto a la naturaleza como una manera de agradecer las bondades que habían tenido con ellos al hacerlos más fuertes y superiores que el resto. El hogar que los arios heredarían al finalizar el holocausto y después de que se impusieran en la Segunda Guerra Mundial a sus enemigos, debía ser protegido. Debía ser tan puro y fuerte como ellos mismos.

En las leyes que promulgaron existe un apartado concerniente a los Monumentos Naturales, a los que se referían como «creaciones originales de la naturaleza cuya presentación resulta de un interés público motivado por su importancia y su significación científica, histórica, patriótica... ». El mundo era para ellos el centro de sus acciones y debía preservarse de manera intacta. Acerca de las leyes de caza, pusieron en claro que «el deber de un cazador digno de este nombre no consiste sólo en dar caza a la presa, sino también en mantenerla y cuidarla para que se produzca y se preserve una situación de la presa más sana, más fuerte y más diversificada en lo que a las especies se refiere».

El lugarteniente de Hitler y comandante supremo de la Luftwaffe, Hermann Göring, llegó a amenazar a los que no cumplieran con la ley de protección animal con encerrarlos en los campos de concentración nazi que ya en la época operaban con todo su cruel esplendor. Cuando la ley en contra de la vivisección fue aceptada en toda Alemania, Göring habló por la radio el 28 de agosto de 1933 para decir: «La prohibición total y permanente de la vivisección no es sólo una ley necesaria para la protección de los animales ni para mostrar simpatía por su sufrimiento, sino que es también una ley para la propia humanidad […]. Por consiguiente, he declarado la prohibición inmediata de la vivisección y he aprobado que sea una práctica punible en Prusia. Hasta que se imponga la pena, el culpable deberá permanecer internado un campo de concentración».

Hay una parte polémica en la ley contra la vivisección: algunos historiadores opinan que se estableció en realidad para dar caza a científicos judíos que eran especialistas en esta polémica práctica. Obviamente al quedar prohibida, los nazis tenían carta libre para ir detrás de los judíos a su antojo y tener un motivo más para castigarlos. Su encierro en los campos de concentración quedaba más que justificado. 

La Ley para la Protección de los Animales, puesta en vigor el 24 de noviembre de 1933, establecía la prohibición a que los animales formaran parte del rodaje de una película o de cualquier evento en el que sufrieran daños físicos o emocionales. Estas leyes repercutieron a nivel mundial. Por ejemplo, la revista finesa Kaltio hizo mención a que Alemania era la primera nación en el mundo que se preocupaba por la protección del lobo, animal que en Finlandia tiene una gran importancia. Asimismo, lo nazis fueron pioneros en establecer dictámenes que castigaran la deforestación y la protección de los animales en estado salvaje.

Decenas de conferencias se ofrecieron en Berlín y otras ciudades alemanas con el fin de concientizar a la ciudadanía al respecto.

A partir de 1938, Hitler dictaminó que estas leyes debían formar parte del plan de estudios en los niveles primaria, secundaria y en la universidad. Desde temprana edad, los ciudadanos debían saber que el planeta era un lugar para admirarse, preservarse y aprender de él. En la actualidad, muchas de estas leyes han servido como base para regulaciones en materia de conservación ambiental no sólo en Alemania sino en toda Europa. 

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Los experimentos nazis más crueles forman parte de una historia que tuvo sus momentos luminosos, como los que acabas de leer, y su parte oscura. Otro apartado sádico y triste de los nazis es el de la historia oculta de las fábricas nazis de bebés. 

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Referencias

BibioChile
Ecosofía
Segunda Guerra Mundial

REFERENCIAS:
Rodrigo Ayala

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