Después de que el príncipe Andrés renunciara a todos su títulos personalmente, muchas personas comenzaron a conectarlo con la turbia relación que él tenía con Jeffrey Epstein. Y es que todo se puso peor cuando una de las víctimas logró dejar por escrito todo lo que vivió con ellos cuando la traficaron sexualmente.
Lo que nadie vio venir fue el impacto del libro Nobody’s Girl, publicado póstumamente por Virginia Giuffre, donde no solo narra cómo fue reclutada por Epstein, sino que expone con nombres y descripciones la forma en que figuras poderosas —entre ellas el príncipe Andrés— participaban en una red donde las jóvenes eran “seleccionadas” y preparadas para reuniones privadas que en realidad funcionaban como un sistema de explotación encubierto.
La asquerosa obsesión del príncipe Andrés según Virginia Giuffre
Giuffre cuenta que Ghislaine Maxwell la despertó un día y le dijo que conocería a alguien “importante”. Antes de llevarla, le advirtió:
“Arréglate, al príncipe Andrés le gustan las rubias.”
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Virginia tenía 17 años. Ella pensó que era tratada como en un cuento tipo Cenicienta, pero pronto entendió que había sido “preparada” específicamente para él. En el libro señala que Maxwell elegía a las jóvenes según los gustos de cada hombre: edad, apariencia y vulnerabilidad. En el caso del príncipe Andrés, la preferencia era por chicas muy jóvenes y de aspecto “inocente”.

Giuffre afirma que fue llevada en varias ocasiones a encuentros con el príncipe Andrés y que su participación no fue voluntaria. Él lo ha negado todo públicamente —incluyendo incluso “no recordarla”— a pesar de que existe una fotografía donde aparece con ella.
La entrevista que dio a la BBC fue un desastre mediático: dijo que no podía ser por “una condición médica” y aseguró que ese día estaba en una pizzería, lo que terminó ridiculizándolo aún más.
La turbia relación del príncipe Andrés y Jeffrey Epstein
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Aunque Andrés dijo haberse distanciado, hay unos correos filtrados muestran lo contrario, en realidad habrían seguido en contacto después del primer escándalo.
Entre los mensajes aparecieron frases como:
“Pronto volveremos a jugar”
“Estamos juntos en esto”

Su vínculo comenzó a través de Ghislaine Maxwell, quien ya pertenecía a los círculos sociales de la realeza británica y fue quien lo introdujo en el entorno de Epstein.
El príncipe Andrés visitó varias de sus propiedades, asistió a reuniones privadas y continuó teniendo contacto directo con él incluso después del primer escándalo público.
Además, hay registros de favores financieros hacia Sarah Ferguson, su exesposa, lo que refuerza la sospecha de que la relación no era solo social, sino de conveniencia mutua. Estas conexiones explican por qué su nombre quedó involucrado tan profundamente cuando el caso Epstein se hizo público.
La caída pública del príncipe Andrés fue consecuencia directa de estas revelaciones: perdió títulos, patronazgos y su papel dentro de la familia real. Sin embargo, el impacto se quedó en el terreno simbólico. Él sigue libre, protegido por su estatus y rodeado de silencio institucional. La justicia alcanzó a Epstein y Maxwell, pero no a todos los nombres que se beneficiaron de esa red.
