El cadáver que engañó a Hitler y cambió la historia de la guerra

viernes, 12 de mayo de 2017 8:50

|Rodrigo Ayala



¿Hay quien, estando muerto, puede resurgir con otra identidad y cambiar el curso de la historia? Todo es posible cuando el hombre traza planes con tal de hacerse con el poder y aplastar a sus enemigos. Esta es la historia de un hombre que nunca existió pero cuyo papel en la Segunda Guerra Mundial cambió el destino de los acontecimientos.  

Fue el 30 de abril de 1943 cuando José Antonio Rey, un pescador de Punta Umbría, Huelva, España encontró un cadáver flotando en el mar. El cuerpo presentaba un avanzado estado de descomposición: la piel del rostro tenía una especie de moho verdoso y la piel se estaba desprendiendo de la nariz y las mejillas.

Cuando las autoridades presenciaron el cuerpo se percataron de que un maletín estaba encadenado a su muñeca. Aparte de objetos totalmente desechables (una carta de su padre, llaves, monedas, fósforos, un boleto de teatro, una carta del banco, fotografías y cartas de su novia Pam…) descubrieron algunos papeles que revelaron la identidad del ahogado: comandante William Martin RM (Royal Marines) del Ejército Británico. Además, en el maletín llevaba una carta con la leyenda Personal y Secreto.

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La misiva estaba firmada por el General Sir Archibald Nye, Sub Jefe del Estado Mayor Imperial, y dirigida al General Sir Harold Alexander, comandante británico en el norte de África bajo el mando del General Eisenhower. Este documento revelaba la intención de los Aliados (el Imperio Británico, Francia, Unión Soviética y Estados Unidos) de invadir las islas griegas de Kalamata y Cabo Araxos, en el Peloponeso, uno de los territorios ocupados por los alemanes, al mando de Adolf Hitler.

Presurosas, las autoridades españolas, bajo el mando del general Francisco Franco, procedieron a notificar del hallazgo a los espías nazis asentados en Huelva, con los cuales tenían una relación secreta. Adolf Clauss era el más importante de ellos. Éste se trasladó hasta el lugar en el cual tenían resguardadas las pertenencias de Martin para fotografiarlas y notificar a Hitler sobre lo ocurrido.

Después, las autoridades españolas entregaron el cuerpo de William Martin y el maletín a las autoridades británicas. El comandante fue sepultado en el Cementerio de la Soledad en Huelva con honores militares. Todo era parte de un engaño que se remontaba a algunos meses atrás…

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En un almacén abandonado en King’s Cross, Londres, fue hallado el cuerpo del vagabundo Glyndwr Michael, el cual había fallecido a causa de una ingesta de veneno para ratas. Glyndwr Michael llevaba desempleado bastante tiempo, por lo cual decidió que era mejor morir que seguir sufriendo de hambre.

El cuerpo fue llevado a la morgue del hospital Saint Pancrass y se dio aviso a los agentes de inteligencia del Imperio Británico, Charles Cholmondeley y Ewen Montagu. Ambos tenían listo un plan que llevaban urdiendo desde meses atrás. El cuerpo de Michael serviría para crear un personaje ficticio que despistaría a los nazis. Este personaje sería el comandante William Martin. A bordo del submarino Seraph se transportó el cuerpo de Michael-Martin a la costa de Huelva y fue arrojado al mar. El resto es la historia relatada al inicio de este artículo.

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¿Por qué eligieron el cuerpo de este vagabundo para el plan? Existen varias consideraciones para ello: después de haber trazado el perfil psicológico y físico del comandante William Martin, se dictaminó que Glyndwr Michael era el cadáver adecuado. Su edad y complexión eran similares a las de un miembro de los Royal Marines, además las condiciones de los pulmones de Michael eran similares a las que presenta el cuerpo de un hombre ahogado.

El patólogo forense Sir Bernard Spilsbury y W. Bentley Purchase, el Jefe del Servicio Forense de Londres, estaban enterados de los planes de Charles Cholmondeley y Ewen Montagu, por lo que, cuando tuvieron el cuerpo ideal, no dudaron en notificar a los altos mandos que tenían finalmente el material necesario para dar marcha con el engaño. El 15 de abril de 1943, Winston Churchill aprobó el plan para engañar a los alemanes.

Como dato adicional, Charles Cholmondeley y Ewen Montagu crearon toda una historia para William Martin: nacido en marzo de 1907 en Cardiff, Gales. Hijo de John y de la difunta Antonia Martin. Su novia se llamaba Pam y llevaba un par de cartas escritas por ella en su maletín atado a la muñeca.

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Una vez que los nazis recibieron la información proporcionada por los españoles se prepararon para hacer la defensa de Grecia el 12 de mayo de 1943, bajo las órdenes de Adolf Hitler. En realidad, la intención de los Aliados era invadir Sicilia. A este hábil engaño se le llamó “Operación Mincemeat”, la cual tenía la intención de que los nazis dividieran sus fuerzas y la defensa del territorio italiano quedara debilitada. La importancia de Sicilia para los Aliados era vital: desde ahí podrían tomar el sur de Italia, gobernada por Benito Mussolini y avanzar hacia el centro de Europa.

La invasión de Sicilia, que se llevó a cabo bajo el nombre de Operación Husky, resultó un triunfo total y les permitió a los ejércitos aliados la invasión de Italia. Adolf Hitler había tragado por completo el anzuelo y dejó el camino libre para que sus enemigos pudieran invadir territorio italiano sin gran oposición.

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 Glyndwr Michael: víctima y héroe. Es el hombre que desde la muerte cambió el destino de una guerra y quizá del mundo entero. Su historia ha inspirado la escritura de varios libros como “El hombre que nunca existió” de Ben MacIntyre y una película británica filmada en 1956 con el mismo nombre.

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Fuentes

Cultura Andalucía
BBC
El País

REFERENCIAS:
Rodrigo Ayala

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