Por qué ser feminista no tiene nada que ver con victimizar a la mujer

sábado, 10 de octubre de 2015 11:58

|@MarianaTiquet

El feminismo es criticado por muchos hombres que todavía tienen un pensamiento machista, frecuentemente observado en la mayoría de las religiones, incluido el Islam, pero lo más sorprendente es que es criticado por muchas mujeres, a quienes defiende el movimiento. Esto se debe en parte a la ignorancia que hay en torno al tema y la poca información o desinformación que se tiene. Además que es cierto que hay muchos movimientos actuales que poco tienen que ver con el feminismo.

Hay muchos que argumentan que en años recientes se ha “victimizado” a la mujer. Que ser feminista es jugar a ser víctima, pero la realidad es que ser feminista no busca hacer de las mujeres víctimas sino mostrar la realidad. Si hay quienes lo único que hacen es explotar ese “sufrimiento” y hacer de sus personas unas víctimas, entonces no son feministas.

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A través de los años se han visto diferentes definiciones de lo que es el feminismo, pero siempre se ha concordado en la lucha por lograr la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, así como evitar la violencia. Entre los logros obtenidos debido al feminismo encontramos el voto a la mujer y la igualdad ante la ley. Aunque aún hay un largo camino que debe ser explorado, cada día es más fácil recorrerlo.

El feminismo surgió como una lucha contra la opresión ejercida por los hombres, contra la desigualdad y contra la falta de oportunidades de las mujeres. Hablar de feminismo no es sencillo, pues incluye movimientos políticos, culturales e incluso económicos para conseguir mayores derechos femeninos, tanto laborales como dentro del hogar. El movimiento buscó –aún lo hace- detener la violencia contra las mujeres y borrar los límites impuestos que dicen hasta dónde deben ir y qué sí pueden o no hacer. Muchas veces son vistas como incapaces para realizar algo relevante u ocupar ciertos roles en la sociedad por el simple hecho de no ser hombres.

A lo largo de la historia se han observado diversas etapas del feminismo, algunos autores difieren sobre su verdadero inicio, pero –con consciencia o sin ella- desde el origen de los tiempos han existido las feministas. Durante la década de los 60 se vivió una etapa importante del feminismo, en la que muchas mujeres salieron de sus hogares para gritar y hablar sobre lo que pensaban; para dar a conocer su postura ante la vida, para criticar a la sociedad machista que dominaba el mundo. Ya no callaban. Ahora gritaban para que su voz se escuchara y sobre todo para que hiciera eco y no fuera ahogada una vez más.

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Así nacieron algunas feministas que se enorgullecieron de ser mujeres pero que estaban cansadas que les dijeran qué no podían hacer. Que les pusieran límites y que no dejaran cruzarlos simplemente porque no tenían pene. Durante mucho tiempo aplicaron productos para el cabello, colorearon los labios, usaron tacones y ropa que las hizo lucir bien. Pero ser mujer implicaba más que sólo eso.

Es cierto que hombres y mujeres no somos iguales físicamente. Tenemos diferencias y por algo hay hombres y mujeres. Son diferencias que nos complementan y que tienen un fin muy básico desde el punto de vista biológico: la reproducción. También es verdad que hay trabajos para los que los hombres son mejores y otros las mujeres, esto no tiene nada que ver con el nivel intelectual; simplemente se trata de algo físico. Como mujeres somos fuertes en alma y corazón, al igual que un hombre, pero somos más delicadas. Nuestros huesos son menos anchos y los músculos están menos desarrollados. Hay labores para las que ellos son mejores y nosotras mejores para otros, pero esto no implica que no podamos hacer ambas.

Este punto es muy delicado, pues si bien es cierto que existen estas distinciones, no se debe abusar de ellas. El problema y lo que explican las feministas es que muchos hombres utilizan este argumento para justificar prácticas discriminatorias como que “las mujeres son inferiores por naturaleza innata y por lo tanto inmutable [1]”.

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Ese tipo de comentarios, más comunes en décadas anteriores a la de los 60, desencadenó la furia de muchas mujeres que durante estos años perdieron el miedo a gritar para ser escuchadas. La biología no debía ser un pretexto para evitar construir una sociedad igualitaria entre ambos sexos o géneros, como se le llamó años después. Las feministas en un inicio veían con ojos de rechazo esas diferencias, sin embargo en la llamada segunda oleada del movimiento, muchas aceptaron esas diferencias físicas, vistas por muchas con un rasgo fundamental en la lucha política feminista. Ya para finales de los 80 el movimiento había aceptado por completo el cuerpo humano femenino [2].

Las feministas entonces se encargaron de hacer valer sus derechos para que pudieran votar, trabajar, ser respetadas y para terminar con la opresión que vivían. De acuerdo con la feminista Bell Hooks, “feminismo es un movimiento para acabar con el sexismo, explotación sexista y la opresión [3]”. Es una definición que deja claro qué es lo que se busca con el movimiento, lo que no tiene nada que ver con odiar a los hombres ni con hacer de la mujer una víctima. Lo más importante es entender lo que verdaderamente significa el término, para así comprenderlo y no tenerle miedo. No hay que olvidar que como hay hombres sexistas, también hay mujeres que lo son.

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Para muchas mujeres el feminismo se convirtió en un grupo terapéutico que sirvió para enfrentar a los hombres y para superar las heridas causadas por ellos. Después muchas se dieron cuenta que la finalidad debía ser otra, pues si bien era importante que las mujeres se apoyaran entre sí, también se debían involucrar a los hombres para realmente conseguir un progreso. Algo difícil, incluso en la actualidad porque se tiene la idea que ser feminista es ser anti-hombres. En este punto se puede hablar claramente de lo que muchos ven como hacer víctima a la mujer, una idea errónea y que no tiene como finalidad el movimiento, pues en realidad éste se caracteriza por estar compuesto por mujeres fuertes que se sobreponen y que buscan ser reconocidas en la sociedad.

Lo más importante que hay que comprender sobre el feminismo es que los hombres no son el enemigo, incluso pueden haber hombres más feministas que mujeres. Lo que se debe entender es que el enemigo está en la mente de cada uno. Del hombre que ve a la mujer como la que nació de su costilla, que la ve por debajo del hombro y que opta por ignorar su voz. Es también la mujer que ve a los hombres como superiores, que no cree que ella y el resto de las mujeres sean capaces de dirigir y que ven a otras mujeres con desprecio porque luchan por la igualdad, porque en realidad no entienden el movimiento. Todos, sin importar si somos hombres o mujeres, tenemos dentro un machista que a veces controla la cabeza, pero también puede haber una feminista que busque el equilibrio en un mundo donde conviven ambos sexos y que hacen de este planeta nuestro hogar.


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Bibliografía:

[1] [2] Pujal, Margot, et.al (2007) El feminismo y la violencia de género. Editorial UOC: Barcelona.
 
[3] Hooks, Bell (200) 
Feminism is for Everybody: Passionate Politics. Pluto Press: United Kingdom.



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