
Señor de las Moscas es uno de los apelativos para referirse a Belcebú o Baal, una divinidad demoniaca. Belcebú forma parte de los Siete Príncipes del Infierno y representa el pecado capital de la gula, según la religión cristiana y católica. Pero el porqué de ese apelativo se debe a que los hebreos comenzaron a llamar Ba‘al Z’vûv (Señor de las Moscas) a Baal (Señor), un conjunto de divinidades adoradas por los pueblos semitas (árabes). Los templos donde se adoraba a Baal estaban siempre llenos de moscas debido a la carne y la sangre de los sacrificios dedicados a dicha figura. El apelativo era denigrante y se hacía como una burla.
Baal en realidad era un dios de la fertilidad y las cosechas. Se cree que los actos de adoración a Baal incluian quemas de niños y prostitución dentro de los templos, situación que llevó a los hebreos a sentir miedo y repulsión hacia la divinidad y sus adeptos. Por ello, el cristianismo dedicó esfuerzos a crear una imagen maligna de Baal y otras deidades a las que consideraba paganas. Eso explica por qué ahora Baal o Belcebú es visto como un demonio. Estudiosos como Francis Barret, Michaelis Sebastien y Peter Binsfield le han adjudicado una imagen de peligro y maldad al nombrarlo demonio de la gula y uno de los demonios más temibles del Infierno.

Su imagen es descrita de forma horrenda: tres cabezas, la de un humano con corona, un gato y otra de una rana, las cuales están sostenidas por el lomo y las patas de una araña, según la visión de Collin de Plancy. Según lo relatos de la ocultista Johann Weyer, Belcebú dirigió una furiosa rebelión contra Satanás para llegar a ser lugarteniente de éste. Belcebú gobernaba el Este del Infierno como gran duque infernal y bajo su mando estaban 66 legiones de demonios.
Según Francis Barret, aquellos que invocaban a Belcebú podían volverse invisibles y astutos. El puritanismo inglés le adjudicó la capacidad de poseer a las personas y a menudo lo situaron como objeto de adoración de brujas y practicantes de la magia negra. En los famosos juicios de Salem, Massachussets (enero de 1692 y mayo de 1693) en los que se acusó de brujería a decenas de mujeres, Belcebú fue mencionado a menudo como un personaje relacionado al caso.

Según las versiones de los inquisidores del caso, uno de los más famosos y polémicos en la historia de los Estados Unidos por toda la red de mentiras e histeria que se desató, Belcebú era el conductor de las reuniones de brujas en medio de los bosques al caer la noche. Sus adoradores lo invocaban y bailaban alrededor de una hoguera mientras negaban el nombre de Jesús. Se decía que los participantes sellaban su pacto con el mal mediante orgías y otros actos de lujuria acompañados de este demonio, el ahora conocido como Señor de las Moscas.
En 1954 el autor británico William Golding escribió la novela El Señor de las Moscas, un siniestro relato donde un grupo de niños habitan una isla desierta tras sobrevivir a un naufragio. Tras un tiempo de relativa calma, los defectos, impurezas y realidades del alma humana salen a relucir entre los niños demostrando que el mal es una de las naturalezas del hombre. De manera simbólica, la presencia de Belcebú como el Señor de las Moscas se hace presente a lo largo del texto.
Fotograma de ‘El Señor de las Moscas’
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