A la hora de hablar del papel de la mujer en la prensa escrita es difícil elegir a una pionera, ya que durante el periodo romántico, primera mitad del siglo XIX, se empezó a imponer la tradición de mujeres escritoras periodistas entre las que destacan Rosalía de Castro, Carolina Coronado y Emilia Pardo Bazán, que entraron en las 250 que la historiadora María del Carmen Simón Palmer recogió en su trabajo Escritoras Españolas del siglo XIX.
En ese tiempo, empezó a surgir la prensa dirigida por hombres pero dedicada a las mujeres; entre las cabeceras destaca El té de las damas, El periódico de Damas, El defensor del bello sexo, La consentida. Todas coincidieron en promocionar la imagen de la mujer como “Ángel del hogar”. Sin embargo, a inicios del siglo XX, empezaron las publicaciones asociadas a la esfera de movimientos obreros y a los sectores conservadores entre las que destaca El pensamiento femenino en 1913, primera revista cuya redacción sólo contrató a mujeres. A principios de la Primera Guerra Mundial se consideraba que la guerra era una labor de hombres y que la mujer debía actuar como enfermera, cuidadora y portadora de la paz.

Este artículo te contará quién fue Sofía Casanova, la primera reportera que narró una contienda ajena a España, asociando su firma a las principales publicaciones de la época como el ABC, La Época, El Mundo y The New York Times. Nació en 1861 en Coruña, fue poeta, escritora y periodista. Destaca por ser la primera periodista española permanente en un país extranjero y corresponsal de guerra.
A los ocho años su padre las abandonó y su madre tuvo que hacer frente a su precaria situación económica, aceptando la ayuda de unos parientes bien relacionados en Madrid y en la corte; lo que dotó a sus hijos de una esmerada formación tanto personal como intelectual.
A los 25 años, Sofía Casanova se casó con el diplomático polaco Vicente Lutoslwski y tuvieron cuatro hijas. Años después se separaron pero ella nunca le concedió el divorcio. Desde este momento Sofía tuvo que trabajar como escritora y poeta para mantener a las menores. Inició sus labores periodísticas durante la Revolución Rusa y la Primera Guerra Mundial, se dedicó a mandar crónicas al ABC en las que destaca el perfil humano, cubrió la lucha sufragista en Inglaterra y la persecución de los judíos por el régimen nazi en el gueto de Varsovia. Durante la Guerra Civil se sumó al apoyo franquista por sus convicciones católicas y monárquicas.
Sofía, ya escritora de teatro y poeta, regresó a España en 1914 tras descubrir que su marido había vendido sin su consentimiento la casa familiar de Varsovia. El encuentro la hundió en un episodio depresivo del que sus hijas decidieron sacarla invitándola a la casa de campo de su suegra en Drozdowo, lugar en el que les sorprende la orden de movilización de las fuerzas armadas rusas por parte del zar Nicolás II. Los primeros días de la Primera Guerra Mundial llenaron de incertidumbre la vida de las 14 mujeres de la residencia ya que la casa se encontraba tan solo a 40 kilómetros de la frontera.

Fue entonces cuando Sofía, tal vez por añoranza a España o como terapia contra la depresión que sufría, empezó a anotar sus vivencias cotidianas con la idea de mandárselas a su madre, ya que hasta abril de 1915 no empezó su labor como corresponsal del ABC. Cuando Drozdowo fue ocupado por la guardia imperial rusa, Sofía y los suyos regresaron a Varsovia. En la capital, la española entra de voluntaria en la Cruz Roja y comienza a trabajar en la estación Viena-Varsovia. En ningún momento se separó de sus notas manuscritas, unos papeles que actualizaba a diario.
Su trabajo de corresponsal para el ABC tiene como origen estas notas personales escritas para ser mandadas a su madre, pero que vieron la luz en 1920 cuando se los entregó al El Ideal Gallego, como agradecimiento al homenaje en el que se le consideró una autentica heroína y “único testigo y víctima española de la Primera Guerra Mundial”. Al iniciarse este enfrentamiento, el ABC busca un buen informador para estar a la altura de las circunstancias, el entonces director del periódico era Luca de Tena y se sospecha que fue él quien ofreció a Casanova el papel de corresponsal. En ese entonces, ella ya era una autora de prestigió en Madrid y Galicia; pero no fue elegida simplemente por el hecho de estar allí; era una mujer formada que conocía Polonia, dominaba el ruso, el francés y el inglés. El papel de Sofía como corresponsal fue tan relevante que sus opiniones en contra del empleo de armas químicas por parte de los soldados alemanes hicieron que muchos germanófilos españoles empezaran a cuestionarse la contienda.

Sofía Casanova empezó a mandar sus crónicas y continuó su misión de ofrecer información “dolorosa, porque han de ser sobre verdad vivida” , en tales escritos narró el ataque de Zepelines alemanes a la población civil, las novedades bélicas como las trincheras, las ametralladoras capaces de disparar cientos de balas por segundo; analizó partes de guerra y los contrastó con su realidad tratando siempre de ser objetiva e identificar las exageraciones de los partes bélicos. Sobre las noticias de los medios españoles dijo en 1916: “La prensa española, sometida a las influencias de unos y otros luchadores es la que conserva al menos más ecuánimes”.
Como corresponsal, no perdió una sola ocasión de narrar la contienda desde el terreno y protegiéndose bajo el brazalete de la Cruz Roja. En mayo de 1915, viajó con un cuñado a Lomza, donde su fue sorpresa fue mayúscula al ver por primera vez una trinchera. La crónica ocupó tres páginas del número del 19 de junio de 1915 y en ella se pueden leer sus apreciaciones de lo que estaba suponiendo la guerra. Eligió escribir con un estilo cercano, en primera persona y siempre narrando la verdad.

En agosto de 1915, Polonia iba perdiendo territorios y ante la inminente llegada de los alemanes, el Estado Mayor dio órdenes de abandonar la ciudad. Sofía Casanova consideró que su labor como enfermera y cronista eran indispensables y rechazó la oportunidad de huir de la asediada Varsovia. En el ABC del 17 septiembre de 1915, Sofía narraba el desalojo así: “Se despejaba la ciudad, dejando sitio a la tropas. Y han sido estos tres días últimos de infernal agitación en las dependencias del Estado. Empaquetando los últimos papeles, los últimos fardos, han trabajo día y noche los hombres”. Sólo cuando el Estado Mayor evacua a los últimos, Sofía abandona la capital y viaja al exilio con sus familiares políticos e hijas. Se reunió con ellos en Minsk y juntos partieron hacia el interior del impero del Zar. Este exilió también fue publicado con todos sus pormenores y penurias en la edición del 13 de octubre de 1915.
Su visión pacifista, ajena a cualquier ideología, consideró a los gobiernos que se enfrentaban en la Gran Guerra como “asesinatos colectivos legales”. En sus crónicas destacó su feminismo justificado por su catolicismo y su condición de mujer. Sofía Casanova defendió un pacifismo anti militarista, alegando que los estados no deben utilizar la guerra para resolver sus conflictos. Cuando volvió a España, en 1919, fue solicitada para dar una conferencia sobre la guerra que había vivido en el Centro del Ejercito y la Armada, de su ponencia en el Ateneo de Madrid destaca su inflexible idea de que nada justifica la guerra pero intenta rebajar intensidad a sus alusiones con frases como: “Pobre mujer, aterrada por la catástrofe del mundo, yo tengo que decir, ante todo, que aborrezco la guerra, y que la original es pecado del imperialismo”.
La historia de Sofía Casanova está marcada por sus crónicas destacan por su modernidad al separar las estructuras sociales de los comportamientos individuales. No define a todos los hombres como violentos, pero sí considera a todos los ejércitos como perversos, escribiendo en mayúsculas que solamente ALGUNOS soldados fueron culpables de violación, crimen, robo e infamia.
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Bibliografía.
Bernández Rodal, Asunción. (2013) Sofía Casanova en la I Guerra Mundial: una reportera en busca de la paz de la guerra. Historia y Comunicación Social. Vol. 18. Págs. 207-221.
Martínez Martínez, María Rosario. (2016) Emilia Pardo Bazán y Sofía Casanova, cronistas de la Gran Guerra. La tribuna. Cuadernos de Estudios da Casa Museo Emilia Pardo Bazán. Núm.10, 51-92
Osorio, Olga (2014) Los orígenes del trabajo periodístico de Sofía Casanova al inicio de la I Guerra Mundial. Historia y comunicación social. Vol. 19, págs. 47-60 Recuperado en Dialnet 17/10/2018
