Quinametzin es un término que se usaba en Mesoamérica para referirse los pobladores de gran altura que vivieron en la era de Atonatiuh —el sol de agua— la cual terminó con grandes inundaciones. Quinametzin viene del plural quinametli, que quiere decir gigante, los antiguos pobladores tenían la ferviente creencia de que estos fueron los primeros pobladores del valle de México.
No se sabe mucho más de las creencias que tenían los pobladores prehispánicos acerca de estos gigantes, los únicos testimonios escritos que se tienen como evidencia de estos seres son los códices escritos por los frailes después de la conquista. Como el de Fray Andrés Olmos, filólogo del náhuatl, huasteco y totonaco, que vivió en la Nueva España de 1528 a 1521, quien narra en sus escritos que en palacio de Antonio de Mendoza, primer virrey de la Nueva España, se encontraron enormes huesos de pie humano, haciendo una comparación de que cada dedo correspondía a la palma de una mano. También escribió sobre semi gigantes en lo que hoy se conoce como Cuernavaca, Morelos y en Tecalli, Puebla.
Foto: Código Oculto
Los quinametzin también aparecen en los Códices Florentino, Vaticano, el de fray Diego Durán o en el de San Juan de Zumárraga, en el cual se explica que según la creencia de los nativos, los gigantes fueron una creación divina y murieron como una consecuencia de la catástrofe de Atonatiuh, una gran inundación en la zona montañosa de Tlaxcala. Se piensa que los cronistas en realidad no podían creer que las enormes ciudades y construcciones fueran hechas únicamente con las manos de los pobladores, así que «los evangelizadores atribuyeron la construcción a las pirámides más grandes, como la de Cholula, a los gigantes» según la revista de Arqueología Mexicana.
Códice Vaticano. / Foto: Wikimedia Commons
Puede que la gran inundación a la que se referían los pobladores de México era una metáfora de narrar la extinción del pueblo quinametzin, ya que también hay otros registros en los cuales se menciona su aniquilación por parte de un grupo de mercaderes olmecas-xicalancas provenientes de la costa aproximadamente después del 200 antes de Cristo. Mariano Veytia, historiador novohispano especificó que los olmecas-xicalancas se encontraron con gigantes desnudos y despeinados que cazaban aves y animales terrestres y comían frutas y yerbas silvestres cerca del año 107 d.C. e impresionados por sus virtudes físicas, los olmecas-xicalancas pagaron tributo a los quinametzin, hasta que se hartaron y les tendieron una trampa al emborracharlos y aprovechar esta desventaja para matarlos.
Evidentemente no existen evidencias arqueológicas que respalden la existencia de los quinametzin o grupos de humanos sobresalientemente más grandes que el resto de Mesoamérica. Se confirmó que la supuesta evidencia que se encontró en Tlaxcala y en el palacio del virrey Mendoza eran huesos de animales, después de que se hicieran excavaciones arqueológicas en las que se hallaron un gran número de mamuts y otras especies extintas, como el gran hallazgo del arqueólogo Helmut de Terra en 1947 cerca del lago de Texcoco donde encontró al hombre de Tepexpan y a un gigantesco pariente de mamut.
Foto: Arqueología Mexicana
A pesar de que todos los registros de los cronistas novohispanos no tenían un sustento realmente objetivo, han sido de gran ayuda para conocer la cosmogonía y prácticas prehispánicas. Aunque no haya pruebas que sustenten la existencia de los quinametzin, tampoco las hay para negar rotundamente su existencia.
En portada: Arqueología Mexicana

