Si no habías escuchado de Richard Hart, hoy te vas a enterar de su funa. El chef mundialmente conocido abrió hace apenas unos meses su panadería en la CDMX y no tardó en hacerse viral. Pero ese no es el problema, en México hay espacio para todos los panes. Lo que sí es un problema, son los comentarios que hizo sobre el pan dulce, y eso sí que no.
Richard Hart no es cualquier panadero, este chef trabajó con René Redzepi en Noma y su nombre carga un prestigio que, quieras o no, impone. Cuando anunció que abriría Green Rhino en la Roma Norte, muchos foodies mexicanos se emocionaron y tuvo su momento de viralidad. Pero todo se vino abajo cuando, en un pódcast, Hart decidió criticar directamente el pan dulce mexicano.
Richard Hart y sus insultos al pan dulce mexicano que hizo que todos los foodies lo funaran
Dijo que “ni es pan; es pastel”, que la harina mexicana es de mala calidad y que los bolillos son “pan feo”. Pero lo que terminó de hacer enojar a todos fue su frase más desafortunada, porque confesó que para él “en México no existe la cultura del pan”.

Obviamente, México explotó. No solo panaderos, sino gente que entiende que las conchas, los cuernitos, el pan de muerto, las chilindrinas y la rosca no son solo alimentos: son memoria, ritual, domingo en la mañana, infancia, y tradición. Lo que para él es “pan feo”, para nosotros es parte de ser mexicanos.
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Después de la ola de críticas, Richard Hart publicó un comunicado que deja claro que entendió (tarde, pero entendió) la gravedad de sus palabras. En él escribe:
“Me equivoqué, y lo lamento profundamente.” También admite que, aunque se ha enamorado de México, sus comentarios no reflejaron ese respeto: “En este país soy un invitado y olvidé actuar como tal.” Y quizá su línea más importante es la que promete bajar el volumen y escuchar más: “A partir de ahora, mi prioridad será escuchar más y hablar menos.”
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El chef también aseguró que su compromiso ahora será demostrar respeto “con acciones —no con palabras—”, y que esta experiencia le enseñó más de lo que esperaba: “Aprenderé de esta lamentable experiencia y me esforzaré por hacerlo mejor cada día.”
Y es que el enojo no solo fue por un comentario. Fue porque llegó a México, abrió su panadería y acto seguido comenzó a decir qué sí es y qué no es pan, como si viniera a conquistar el consumo local o a enseñarnos cómo debería hacerse. El problema no es que tenga una opinión; el problema es la superioridad con la que la dijo, justo en un país que lo recibió con curiosidad y buena vibra.
Y sí, todos podemos equivocarnos. Pero si algo dejó claro esta polémica es que con el pan dulce mexicano no se juega.
