
En diciembre de 1531, diez años después de la destrucción de la ciudad de Tenochtitlán, un indígena que había sido convertido al cristianismo por los españoles y que recibió el nombre de Juan Diego, se dirigía a la iglesia tomando el camino enmarcado por el cerro de Tepeyac, la colina sagrada de la diosa mexica Tonantzin (que significa “Nuestra madre”).
En el Tepeyac, Juan Diego se encontró con una mujer indígena que le habló en náhuatl, su lengua materna. Ella le dijo que era la Virgen Santa María, Madre de la Gran Verdad, Teotl (Dios en náhuatl); Madre del Dador de vida, Ipalnemohuani; Madre del Creador de la Humanidad, Teyocoyani; Madre del Señor de los Cercanos y Juntos; Tloque Nahuaque; Madre del Señor del Cielo y la Tierra, en Ilhicahua en Tlalticpaque. Y le pidió a Juan Diego que fuera con el obispo y le dijera que debía construir un templo en el cerro del Tepeyac.
Foto: InfobaeLa historia se cuenta en el Nican Mopohua, un poema escrito en náhuatl. Según el experto en náhuatl, Miguel León Portilla, el poema probablemente fue escrito en 1556 por Antonio Valeriano, quien era estudiante en el Colegio Santa Cruz fundado por los españoles en Tlatelolco, donde los estudiantes eran trilingües, ya que aprendían náhuatl, español y latín. El poema continúa contando cómo al principio el obispo español Juan de Zumárraga no le creyó al pobre indio Juan Diego. Entonces, la virgen le indicó a Juan Diego que recogiera rosas, que florecían (por su gracia) fuera de temporada, y se las presentara al obispo como prueba de su apariencia. Cuando Juan Diego abrió su manto, las rosas se cayeron, y en su lugar apareció milagrosamente un cuadro de la virgen en el interior del manto. En el cerro del Tepeyac se construyó una gran iglesia, en honor a la señora, a quien los españoles llamaban Nuestra Señora de Guadalupe y los indígenas seguían llamando Tonantzin.
La virgen le dijo a Juan Diego que ella es la madre tanto del dios cristiano, como del dios mexica. Cuando Juan Diego le dijo que él era demasiado humilde para hablar con el obispo, ella insistió en que él era su mensajero elegido. En el poema, la virgen no solo aparece como una mujer indígena que le habla a Juan Diego en su lengua materna náhuatl, sino que lo trata con afecto y respeto, como a un igual. Se dirige a él en un lenguaje familiar, usando muchos diminutivos, como una madre. El pueblo indígena había visto su mundo destruido, su gran capital en ruinas, su cultura y religión destrozadas. Una población estimada de 25 millones cuando llegaron los españoles se redujo a finales de siglo a 1 millón debido al sometimiento y a la enfermedad.
Foto: Wikimedia CommonsEl fraile franciscano del siglo XVI Bernardino de Sahagún condenó el culto a la dama en el Tepeyac como una continuación encubierta de la antigua religión, en un santuario cristiano y desde entonces otros han repetido esa condena. Por otro lado, algunos lo llamaron un “complot cristiano”, para superar el culto de la indígena Tonantzin y reemplazarla por la virgen. Hoy en día se estima que 10 millones de fieles visitan su Basílica anualmente, algunos le rezan a Tonantzin.
Desde la perspectiva de los mexicas, la virgen se asoció originalmente con la muerte y destrucción causadas por los españoles, y más específicamente con la destrucción de templos mexicas y estatuas de dioses, figuras que a menudo fueron reemplazadas por las de la virgen de Guadalupe. Para los pueblos nativos (y gracias al estímulo de los sacerdotes católicos deseosos de hacer conversos), la figura de la virgen adquirió un significado previamente atribuido a la diosa Tonantzin.
Para los nativos, esta historia adquirió múltiples niveles de importancia. La virgen indígena se le había aparecido a uno de ellos, en su propia tierra, además había inspirado a un campesino a enfrentarse a los poderes ocupantes, con la demanda de una iglesia nativa única. La virgen de Guadalupe ofreció esperanza a los pueblos originarios, que experimentaban la opresión a manos de los conquistadores extranjeros, y la conexión entre la virgen de Guadalupe y la diosa Tonantzin significó que se había creado un conducto, a través del cual las personas tan inclinadas podían adorar a Tonantzin con un nombre diferente.
Foto: Wikimedia CommonsLos indígenas de México simplemente transfirieron sus creencias y prácticas de Tonantzin, la diosa de la Tierra, a la virgen, la madre de Dios. En el proceso, los indígenas también transformaron las creencias y prácticas de la iglesia Católica para ajustarse y apoyar su propia religión prehispánica y su visión del mundo.
Para muchos creyentes, la virgen de Guadalupe y la antigua Tonantzin son lo mismo. Se puede ver que esta figura sagrada representa el surgimiento de México como una nación unificada, nacida del encuentro destructivo entre las civilizaciones europea y americana.
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