La violencia escolar en México volvió a estar en el centro de la conversación tras lo ocurrido en el CCH Sur, donde un estudiante asesinó a uno de sus compañeros dentro del plantel. Una noticia que no solo estremeció a la comunidad estudiantil, sino que también abrió preguntas que incomodan: ¿de dónde nace la intención de matar?, ¿qué lleva a un adolescente a convertir un espacio de aprendizaje en un escenario de tragedia?
Es inevitable pensar en ‘No vayas a clase mañana’ (2022), la película de Diego Barragán que, sin proponérselo, parece entrar directamente con lo sucedido, este filme mexicano se adentra en el mundo adolescente con una crudeza pocas veces vista en nuestro cine.
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Habla de la rabia contenida, de las acciones violentas y de cómo la escuela, más que un espacio seguro, muchas veces se convierte en un lugar bastante peligroso que nadie quiere mirar de frente.
El caso de CCH Sur y su relación con la película ‘No vayas a clase mañana’

La película gira en torno a dos jóvenes que, cansados de la indiferencia, la soledad y el vacío que sienten, planean un tiroteo escolar. Más allá de la ficción, la historia plantea preguntas durísimas: ¿hasta qué punto el sistema educativo, la familia o la sociedad tienen responsabilidad en estas explosiones de violencia? ¿En qué momento la adolescencia deja de ser un periodo de descubrimiento para transformarse en un caldo de cultivo de la desesperanza?
‘No vayas a clase mañana’ no es una película fácil de digerir. No pretende dar respuestas inmediatas, sino más bien mostrar el lado oscuro de una generación que crece en un entorno saturado de presión, competitividad, desigualdad y, muchas veces, abandono emocional. Los personajes que construye Barragán son jóvenes que podrían estar en cualquier secundaria o preparatoria mexicana: chicos invisibilizados, con heridas profundas y con una relación rota con los adultos que deberían contenerlos.

Al ver la cinta, es imposible no pensar en lo que pasa fuera de la pantalla, el caso del CCH Sur parece un caso doloroso de lo que la película advierte: la violencia no surge de la nada, siempre hay un contexto que la alimenta. Hablar de salud mental, de la falta de espacios de escucha y de la ausencia de empatía en las instituciones deja de ser un tema secundario y se convierte en algo urgente.
En un país donde los tiroteos escolares no son tan comunes como en Estados Unidos, pero donde sí existen expresiones constantes de violencia juvenil, la película funciona como un recordatorio incómodo de que no estamos exentos y lo que pasó en el CCH Sur lo confirma de manera brutal.
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