Pensar en uniformes de fútbol es pensar en tecnología casi casi de la NASA: telas que no pesan ni 100 gramos y diseños que parecen sacados de una pasarela de moda urbana. Pero, si pudieras viajar en el tiempo a finales del siglo XIX o principios del XX, te darías cuenta de que jugar este deporte era más de resistencia física y no por tener que correr 90 minutos.
Las primeras leyendas de este deporte no corrían con jerseys transpirables; lo hacían con prendas que hoy nos parecerían más adecuadas para ir a una oficina o para sobrevivir a un invierno en la montaña que para anotar un gol.
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La evolución de los uniformes de fútbol es la historia de cómo pasamos de camisas de botones que se volvían armaduras a piezas de ingeniería textil, los primeros futbolistas no solo lidiaban con defensas sin reglas, también con camisas tipo polo de algodón pesado que, en cuanto empezaba a llover, duplicaban su peso y se convertían en una verdadera tortura para cualquier jugador.
¡Jugaban con ropa de 3 kilos!: La interesante historia de los uniformes de fútbol

Para los que amamos el fútbol, entender la historia de los uniformes de fútbol es entender la evolución del juego: más rápido, más atlético y mucho más estético. Ya no se trata solo de diferenciar a un equipo del otro, sino de maximizar el rendimiento.
Al principio, allá por los años 1800, el concepto de “ropa deportiva” básicamente no existía. Los primeros futbolistas saltaban a la cancha con lo que tenían a la mano: camisas de vestir de manga larga, pantalones que llegaban por debajo de la rodilla y aunque no lo creas, a veces hasta cinturones de cuero.

Lo peor venía cuando llovía (y en Inglaterra, la cuna del fútbol, llovía siempre). El algodón absorbía el agua y el sudor de una manera impresionante, un jersey que seco pesaba medio kilo, a los 20 minutos de partido podía pesar 3 o 4 kilos. Imagínate intentar un sprint en el minuto 80 cargando una toalla mojada pegada al pecho y eso no es todo, porque los cuellos tipo polo con cordones no eran por verse cool, sino porque eran la única forma de que la prenda no se desbocara.
Los pantalones eran pesados y las calcetas, hechas de lana pura, picaban espantoso y se caían constantemente. Pero lo más loco eran los zapatos, antes de los tacos ligeros de colores neón, los futbolistas usaban botas de cuero duro que cubrían el tobillo. No tenían tacos sino tiras de cuero clavadas a la suela para no resbalar en el lodo, si te daban una patada con eso, probablemente terminabas en el hospital.

Con el paso de las décadas, después de la Segunda Guerra Mundial, el mundo se dio cuenta de que si querían un fútbol más rápido, necesitaban ropa que no fuera súper pesada. Fue ahí donde aparecieron las fibras sintéticas y el famoso cuello “V” que reemplazó a las pesadas solapas de las camisas tipo polo y siguieron evolucionando hasta que llegamos a los uniformes llenos de tecnología que conocemos hoy.
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