Como cuando se nos olvida que el futbol es eso: un juego

4 min de lectura
por febrero 22, 2022
Como cuando se nos olvida que el futbol es eso: un juego
Como cuando se nos olvida que el futbol es eso: un juego

Las hieleras aparecieron en Abu Dhabi. En ellas, las impresiones en papel de las cabezas de Javier Aguirre, técnico de Monterrey; Duilio Davino, presidente deportivo y José González Ornelas, presidente del Consejo de Administración. La eliminación del Mundial de Clubes dejó dolidos a los aficionados de Rayados y parte de aquellos que viajaron a la competencia, recriminaron de esta manera al equipo, una forma bastante sarcástica y poco sensible con las víctimas del crimen organizado que no sólo se han registrado en Nuevo León sino en todo el país.

Tan sólo esta semana, cinco cuerpos fueron encontrados con huellas de tortura en El Carmen, Nuevo León.

Luego de esas amenazas -porque eso son, amenazas- continuaron más protestas alrededor del mundo. Aparecieron carteles exigiendo la salida de Ornelas y de Aguirre tanto en París, como en Barcelona. Este fin de semana volvió a ocurrir: amenazas contra jugadores como Rodolfo Pizarro o el holandés Vincent Janssen se hicieron visibles a través de mantas colocadas en El Barrial.

Sabemos que las exigencias al jugador tienen que hacerse sentir de alguna manera. Los resultados deben solicitársele a los futbolistas de diversas formas: no yendo al estadio, no comprando playeras, incluso a través de abucheos. Sin embargo, no debemos pasar por alto que esto es un juego y que debe verse como tal. Amenazar, amedrentar, hacer sentir al jugador que su vida peligra por desempeñar su trabajo, no, señoras y señores. De eso no va el futbol.

‘Vas a escuchar los abucheos hasta en tus sueños’

Las mantas en El Barrial apuntaban a tres personas: Ornelas, de nueva cuenta, a quien se le señala de mafioso; a Vincent Janssen: “Nos trajeron una vaca, este toro está castrado” -recordemos que al holandés se le apoda Toro- y a Rodolfo Pizarro, a quien se le indicó que iba a “escuchar los abucheos hasta en sus sueños”.

Precisamente Rodolfo Pizarro fue uno de los jugadores que se detuvo a platicar con algunos aficionados que se plantaron a las afueras de las instalaciones de Rayados para encarar a los futbolistas tras la derrota ante Puebla. Aún dándoles explicaciones, los seguidores no quedaron conformes y le colocaron huevos sobre su camioneta mientras atendía a quienes le pidieron escucharlos.

El rostro del jugador que fuera también campeón con Rayados era de desconcierto, de miedo, de impotencia. Si bien el rendimiento de Pizarro no ha sido el óptimo desde su retorno al equipo, este tipo de amenazas achican a cualquiera. Muchos han cuestionado que esta presión venga precisamente de aficionados a Monterrey. Hay quienes incluso acusan hasta a representantes de medios de comunicación que han orquestado estos ataques, aprovechando la relación que tienen con las barras de Rayados.

En redes, la conversación está dividida. Algunos aseguran que el aficionado está en su derecho de exigir, sin embargo, otros más aluden a que quienes son los únicos que pueden exigir al jugador -trabajador de una empresa, un club- son sus jefes: los directivos, aquellos quienes los contratan para hacer una actividad determinada, en este caso, jugar al futbol y obtener resultados, porque, vamos, en cualquier trabajo tienes que cumplir una meta.

¿A poco de estar como en Sudamérica, en Europa?

Las amenazas trascienden. Dejan marcas. Sobre todo cuando se meten con la familia. Cuando hablamos de este tipo de acciones, recordamos aquellas que han marcado al futbol sudamericano desde hace ya muchos años. Tan sólo el caso más sonado y conocido a nivel mundial, el de Andrés Escobar.

Durante el Mundial de 1994, Escobar tuvo la poca fortuna de marcar un autogol cuando enfrentaban a la selección de Estados Unidos. Luego de ese suceso, el futbolista colombiano recibió amenazas de muerte aún estando en la Copa del Mundo. Colombia atravesaba una crisis de seguridad bastante grave y lo demostró lo sucedido con Escobar. El futbolista fue asesinado meses más tarde en su propio país. Paradójicamente, luego de aquel partido, sus palabras para los medios de comunicación fueron “Hasta pronto, porque la vida no termina aquí”.

En Argentina, las amenazas se han vuelto cada vez más comunes, tanto así que ya llegaron al futbol femenil. Macarena Sánchez, luchadora del futbol femenil en su país, recibió recientemente amenazas de muerte. Le enviaron un mensaje a su cuenta de Instagram en donde adjuntaban una fotografía de una mano portando una pistola manchada de sangre.

Europa no se queda atrás. Este fin de semana, tras la derrota del Manchester City, un aficionado golpeó a la madre de Phil Foden, jugador de los Citizens. Luego de perder ante el Tottenham, se registró la agresión durante un evento realizado en el AO Arena de Manchester. El fanático, sin más, dio un puñetazo en la cara a la madre del futbolista.

Las comparaciones son inevitables y, sin duda, el objetivo es reducir la violencia en un país en el que también hay crisis en este sentido. Basta ver el número de feminicidios, el número de víctimas derivadas del crimen organizado, el número de desaparecidos, el número de crímenes en contra de periodistas…

Entendamos de una vez por todas que esto es un juego, que somos libres de decidir apoyar a un equipo y somos libres de decidir cuándo dejamos también de apoyarlo, sin que se afecte a terceros. Debemos recordar que los futbolistas -así ganen salarios que jamás veremos en nuestra vida- no están exentos de cometer errores, de ser mortales igual que cualquiera de nosotros.

El futbol es un juego y así es como lo debemos ver. Basta de amenazas, basta de pasar la violencia al deporte. Que las exigencias se hagan ver en la cancha, con abucheos, no asistiendo al estadio, no comprando sus camisetas, no viendo sus juegos. Todo, absolutamente, debe terminar al silbar el árbitro.

Colombia hace historia al despenalizar el aborto
Historia anterior

Colombia hace historia al despenalizar el aborto

‘señorita 89′: una visión más profunda sobre los concursos de belleza con aires ochenteros
Siguiente historia

‘Señorita 89′: Una visión más profunda sobre los concursos de belleza con aires ochenteros

Lo más reciente de Breaking

× publicidad