La científica que quiere que menstrúes 4 veces al año para que tengas más óvulos

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por mayo 2, 2026
La científica que quiere que menstrúes 4 veces al año para que tengas más óvulos

Cada ciclo menstrual consume óvulos. Eso no es nuevo. Lo que sí es nuevo es la pregunta que se está haciendo la bióloga china Hongmei Wang: ¿qué pasaría si pudiéramos hacer que ese consumo fuera mucho más lento?

Su propuesta es concreta y, en apariencia, sencilla: inducir que la menstruación ocurra solo cuatro veces al año, en lugar de las doce que ocurren de forma natural. El principio detrás es que, al reducir la frecuencia del ciclo, se preservarían más óvulos a lo largo del tiempo — y con eso, se extendería la ventana fértil de las mujeres más allá de lo que permite la biología actual.

La lógica detrás del ciclo trimestral

El ovario femenino nace con una reserva fija de óvulos. A diferencia de los espermatozoides, que se producen de forma continua, los óvulos no se regeneran: se agotan. Cada ciclo menstrual implica la pérdida de folículos, y con el tiempo esa reserva disminuye hasta que llega la menopausia.

Wang parte de esa premisa para argumentar que reducir la cantidad de ciclos anuales podría ralentizar ese agotamiento. Si el cuerpo «gasta» menos óvulos por año, la reserva duraría más tiempo. En teoría, eso no solo extendería la fertilidad natural, sino que también podría retrasar la llegada de la menopausia.

El mecanismo para lograrlo implicaría intervención hormonal: suprimir la ovulación y la menstruación durante meses, de forma similar a lo que ya hacen algunos métodos anticonceptivos como las píldoras de ciclo extendido, aunque con un objetivo completamente distinto — no evitar el embarazo, sino preservar la capacidad de embarazarse.

¿Cuánto hay de ciencia y cuánto de promesa?

La investigación de Wang se encuentra en etapas tempranas. Los datos disponibles provienen principalmente de modelos teóricos y estudios preliminares, y aún no hay ensayos clínicos a gran escala que demuestren que la intervención es segura y efectiva en humanos a largo plazo.

Los especialistas en salud reproductiva señalan varias preguntas abiertas: ¿cómo afecta la supresión prolongada del ciclo al equilibrio hormonal general? ¿Qué impacto tiene sobre la salud ósea, cardiovascular y mental? ¿Los óvulos preservados de esta forma mantienen la misma calidad genética? Ninguna de esas preguntas tiene respuesta definitiva todavía.

Lo que sí existe es un contexto que hace que esta investigación tenga cada vez más sentido social: las mujeres están postergando la maternidad. En muchos países, la edad promedio del primer hijo se ha desplazado hacia los 30 o incluso los 35 años, chocando directamente con el declive natural de la fertilidad que ocurre a partir de esa misma década.

El cuerpo femenino como territorio de investigación

El trabajo de Wang se inserta en una tendencia más amplia dentro de la biología reproductiva: la idea de que los límites del cuerpo femenino no son fijos, sino negociables con la intervención científica correcta. En los últimos años se ha avanzado en congelación de óvulos, en trasplante de tejido ovárico y en técnicas de rejuvenecimiento celular aplicadas a la fertilidad.

Cada uno de esos avances abre también preguntas que van más allá de la biología: sobre quién tiene acceso a estas tecnologías, sobre las presiones sociales y laborales que llevan a las mujeres a necesitarlas, y sobre qué significa «extender la fertilidad» en un mundo donde las condiciones para criar siguen siendo desiguales.

Por ahora, la propuesta de Hongmei Wang es eso: una propuesta. Pero plantea una pregunta que ya no suena descabellada — ¿puede la ciencia cambiar el reloj reproductivo femenino? La respuesta, al menos en laboratorio, empieza a ser: tal vez sí.

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