La escasez de agua en México ya no es sólo una preocupación ambiental, está escalando a un nivel económico que amenaza directamente a nuestras finanzas.
El Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) proyecta que la economía mexicana crecerá un 2.4% en 2024, lo que, en teoría, es una cifra alentadora. Sin embargo, esta estimación aún no ha considerado el impacto de uno de los mayores desafíos que enfrenta el país: la escasez de agua.
En los últimos años, más del 85% del territorio mexicano ha experimentado sequías severas. Este fenómeno afecta profundamente sectores clave como la agricultura, que representa casi el 4% del PIB nacional, y la energía, donde este recurso es crucial para la generación de electricidad.
La falta de este recurso tiene repercusiones en toda la economía. Por ejemplo, cultivos esenciales como el maíz y el trigo han sufrido reducciones de hasta el 40% en las áreas más afectadas, lo que eleva los precios de alimentos básicos.
El IMEF también ajustó sus expectativas de inflación para 2024, elevándolas del 4.0% al 4.2%. Aunque el incremento parece pequeño, tiene un impacto considerable en el costo de productos básicos, servicios e incluso las tarifas de agua. De persistir las sequías, la inflación podría continuar escalando, poniendo aún más presión en los hogares y el consumo.

El impacto de la sequía en sectores clave
Agricultura y ganadería: Las temperaturas altas y la escasez de agua están reduciendo la productividad de cultivos esenciales como el maíz y el frijol, fundamentales para la seguridad alimentaria. Además, la ganadería enfrenta la escasez de pastizales y agua, lo que ha reducido la producción de carne y leche en varias regiones del país.
Reservas hídricas críticas: A medida que las presas de México se van quedando sin agua, el panorama se agrava. En noviembre de 2024, algunas presas queretanas, como San Pedro, Derivadora San José y El Zorrillo, en Huimilpan; El Zapote, en Querétaro; San Miguel Tlaxcaltepec y Santiago Mexquititlán, en Amealco; y Puerta de Alegrías, en San Juan del Río, redujeron su nivel. Esto afecta tanto al suministro doméstico como al industrial y agrícola, aumentando la competencia por este recurso vital.
Costo de los alimentos y servicios: La escasez de agua también ha incrementado los costos de producción. Según algunos analistas, factores como la sequía, la delincuencia y el aumento de los costos de transporte han elevado los precios de los productos básicos en hasta un 16%. Esta situación se ve aún más agravada por la falta de políticas públicas y subsidios para mitigar los efectos del cambio climático.

Soluciones y acción inmediata
La pregunta clave ya no es si la escasez de agua afectará nuestra economía, sino cuándo y con qué intensidad. Las soluciones estructurales, como una mayor inversión en infraestructura hídrica y políticas de gestión eficiente, son esenciales y no pueden esperar más. Mientras tanto, podemos contribuir de inmediato reduciendo el desperdicio de agua y adoptando prácticas responsables de consumo.
La escasez de agua nos recuerda que lo que afecta a la agricultura, la generación de energía y las tarifas de servicios, eventualmente nos afecta a todos. En un año donde la economía ya camina sobre terreno inestable, cada gota cuenta.

