Recostada en una cama de la unidad de personas quemadas del Centro Médico Nacional, en la Ciudad de México, una mujer concedió una entrevista para el periódico El Universal, uno de los más leídos del país, para narrar lo que vivió en el mercado de San Pablito, en Tultepec, Estado de México, el pasado 20 de diciembre, día en que ocurrió la trágica explosión que dejó como saldo 33 muertos.
“Vino un estruendo, el ruido, las piedras, y de ahí lo que sentí fueron los golpes, las piedras que explotaban por todas partes”, cuenta Lozada. “Vi mi mano destrozada, pero lo único que me importaba eran mis hijos”.Sus hijos, Juan Daniel y Christopher, de seis y cuatro años respectivamente, también se encuentran lesionados con múltiples quemaduras y fracturas en todo el cuerpo. Permanecieron internados en el Hospital de Trauma y Ortopedia Magdalena Salinas, en la Ciudad de México.
Fueron dados de alta el 20 de diciembre y sus abuelos, los padres de Daniela, son los responsables de cuidarlos hasta que ella pueda volver a casa.
Aún no hay fecha tentativa para que Daniela salga del hospital y se reencuentre con sus hijos.“Tomaron piel de mi pierna derecha y de mi vientre para el injerto de mi mano que estaba destrozada”, explica Lozada, “hemos tenido que cuidar mucho que no se haga una infección, tengo heridas por todo mi cuerpo”.Finalmente, Daniela Lozada Montero invita a las personas que tengan conciencia y no lleven a sus hijos a mercados de pirotecnia, como el de San Pablito, en Tultepec, al mismo tiempo que pide a las autoridades que prohíban el acceso a menores de edad.
“Los mercados de cohetes son bombas del tiempo, no deberían de existir”.
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