Nitya es una agapornis de 11 meses que quedó paralizada de patas y alas después de un ataque de gato. No puede volar, no puede posarse, no puede hacer nada de lo que se supone que debe hacer un pájaro. Pero su dueña, la monja e instructora de yoga brasileña Didi Shivanii, residente en Davao, Filipinas, tomó una botella de plástico, la convirtió en cabina transparente, la acopló a un dron DJI Avata y le devolvió el cielo de la única manera que encontró.
Una botella de plástico y una idea que nadie más tuvo
El diseño no es sofisticado y eso es exactamente lo que lo hace tan contundente. Didi Shivanii recortó una botella de plástico transparente para que Nitya cupiera cómoda, con visibilidad en todas las direcciones, y la fijó a la estructura del dron. Sin ingeniería aeroespacial, sin presupuesto. Con la lógica de alguien que no quiere que su animal se quede sin lo único que define su naturaleza. Los vuelos se hicieron sobre campos de cultivo en Davao, con horizonte abierto y luz suficiente para que el video capturara lo que importaba: la cara del pájaro mirando hacia afuera.
El clip circuló a mediados de abril de 2026 y para principios de mayo ya era conversación global. La reacción no fue solo ternura —aunque hubo mucha— sino algo más parecido al reconocimiento: la idea de que cuando algo que amas pierde una capacidad esencial, el trabajo no es aceptarlo sino ver si hay otra forma de dársela. Esa es la lectura que convirtió a una historia de mascota viral en algo que se siente más grande.
Lo que el video no explica pero la historia sí
Hubo debate. En Reddit y en varios comentarios de redes apareció la pregunta de si Nitya realmente disfruta los vuelos o si sus chirridos durante el ascenso son señal de estrés. Es una pregunta legítima y sin respuesta definitiva —no hay forma de saber con certeza lo que siente un ave en ese contexto—, pero Didi Shivanii ha sido consistente en su lectura: el ave lleva meses sin poder moverse por sus propios medios, y estos vuelos son el único momento en que experimenta movimiento y altura. La duda no invalida el gesto; lo complejiza.
También circuló confusión sobre quién construyó la cabina. Algunos medios atribuyeron la iniciativa a un usuario llamado Marc Joseph Colando, pero una entrevista directa con Didi Shivanii —monja de tradición bharatiya y profesora de yoga— la ubica como la creadora y dueña del ave. Sea cual sea la cadena de créditos, la imagen de Nitya mirando el paisaje desde su cápsula de plástico ya está en el imaginario colectivo de 2026. Y eso, para una agapornis de 11 meses que no puede mover las alas, es bastante.

