Ya pasaron cuatro días de aquel domingo 4 de junio en el que los ciudadanos de cuatro estados de la república salieron a las urnas para emitir su voto. En Coahuila, Nayarit y el Estado de México tenían el derecho de escoger a la personas que será su nuevo mandatario.
Nayarit fue contundente y la alianza del Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática logró la victoria con su candidato Antonio Echevarría; en esa entidad el Partido Revolucionario Institucional (PRI) obtuvo su primer descalabro electoral, pero no fue el único.
Su arma es, hasta el momento, el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP). Se trata de un sistema alimentado por los datos que aparecen en las actas de todas las casillas, sólo de aquellas que son perfectamente legibles y que se encuentran pegadas en el exterior de las urnas. En ambos estados marcan como ganador al PRI, pero también en ambos estados la diferencia de votos es corta y se reportaron “anomalías” con las urnas, por lo cual no se computaron todos los resultados. En pocas palabras, aún no hay nada para nadie.
A la polémica y la incertidumbre se suman los reportes y denuncias de delitos electorales que se cometieron, como el acarreo, la compra de votos, los “mapaches” y otras trampas que, según los partidos contrarios, el PRI utilizó a su favor. En Coahuila el PAN, Guillermo Anaya, y el candidato de Morena, Armando Guadiana crearon un movimiento llamado “Coahuila Digno” con el cual pretenden defender el voto de la ciudadanía; ellos afirman que Anaya resultó ganador y no permitirán que Riquelme llegue al poder.
Saltillo fue el escenario de una marcha encabezada por la cúpula panista con la cual exigieron el respeto de su voluntad: no más PRI. El miércoles 7 de junio comenzaron los cómputos distritales y, en un principio, se pidió a los observadores de PAN y Morena que estuvieran al pendiente de todo, pero más tarde cambiaron el rumbo de accionar. Guillermo Anaya y el PAN anunciaron formalmente que impugnarían la elección, sus observadores abandonaron el proceso y argumentaron muchas inconsistencias en el proceso y trampas alrededor de la elección. El Instituto Electoral de Coahuila dará resultados hasta el domingo 11 de junio. ¿Si dan como ganador al PAN también desconocerán los resultados?
En ese escenario entonces el PRI será el partido indignado; sea cual sea el resultado, la autoridad electoral tardará en otorgar la constancia de ganador porque los procesos de impugnación seguirán y la incertidumbre crecerá.
En el Estado de México la situación no es muy distinta; el cómputo distrital también está en proceso y la candidata de Morena, Delfina Gómez, está ganando votos que en el PREP se registraron de forma incorrecta. Los resultados tardarán, pero en ese lapso el presidente de Morena, Andrés Manuel López Obrador no ha cesado de llamar al proceso electoral un “fraude” y a la jornada del 4 de junio una “elección de Estado”.Ya advirtió que si el Instituto Electoral del Estado de México (IEEM) no le otorga el triunfo a Delfina Gómez, pedirán un recuento voto por voto; en esa entidad también hay reportes de múltiples irregularidades y este jueves 8 de junio la dirigencia estatal de Morena denunció que Alfredo del Mazo gastó 412 millones durante su campaña, cuando la cifra legal era de 285 millones.
Hasta que no existan resultados oficiales, seguirán los dimes y diretes y la lluvia de acusaciones; por increíble que parezca, PAN y Morena están unidos por un mismo fin: sacar al PRI del poder, mientras el partido tricolor demostró que tiene sus trampas renovadas para obtener los resultados que más le convienen.Y la guerra apenas comenzó, el objetivo es el 2018 y Andrés Manuel López Obrador es el blanco. Será entonces cuando los partidos y representantes se quiten las máscaras, afilen sus garras y demuestren su objetivo. ¿Ganar, hacer perder al PRI, o frenar el paso de AMLO?Pronto lo descubriremos.
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