¿Cómo esconderte de algo microscópico que puede estar en cualquier lugar? Un estado de paranoia colectiva estaría seguramente presente. El “enemigo” podría estar en cualquier parte, incluso en lo que comemos, ¿cómo defenderte de ello?
El caos que un ataque así ocasionaría, seguramente rebasaría todas las películas de ciencia ficción.
En el contexto actual, el bioterrorismo es potencialmente posible. Al tratarse de un arma intangible, quedamos en una vulnerabilidad casi total. Pequeñas cantidades bastan para enfermar mortalmente a una enorme población y es que “dada la globalización de la economía, las facilidades de comunicación y transporte internacional, un brote en cualquier parte del mundo puede considerarse una amenaza para prácticamente todas las naciones, por lo que estos eventos están incluidos en el Reglamento Sanitario Internacional (RSI, 2005)” apunta el Protocolo de Bioterrorismo elaborado en Costa Rica en 2011.

Los ataques biológicos pueden tener un alcance que sume millones de víctimas mortales. Según un informe de los Centros para el Control y la Prevención de enfermedades, organización gubernamental en Atlanta, (CDC por sus siglas en inglés).
“Un ataque biológico, o bioterrorismo, es la liberación intencional de virus, bacterias u otros gérmenes que pueden infectar o matar a las personas, los ganados o los cultivos. Bacillus anthracis, la bacteria que causa el ántrax (o carbunco), es uno de los agentes que se utilizaría con más probabilidad en un ataque biológico”.

Dicha organización americana alerta sobre un posible ataque con ántrax. La bacteria bacillus anthracis puede ser usada por tres razones fundamentales: sus esporas se encuentran en la naturaleza y pueden generarse artificialmente; debido a que son imperceptibles, pueden colocarse sin que nadie lo note en alimentos, agua o aerosoles; y porque ya ha habido ataques con ántrax en años anteriores.
Dentro de la clasificación de armas, el ántrax -clasificadas como A, B y C, siendo la primera la más letal- el ántrax se encuentra entre las más mortales. En esta clasificación también están las causadas por ébola, que provoca fiebres hemorrágicas, la peste neumónica provocada por la bacteria yersinia pestis y la clostridium botulinum, que provocaría el botulismo, viruela y tularemia.

La fácil expansión y lo imperceptible de estos microorganismos, es lo que los vuelve tan potencialmente peligrosos. Las armas biológicas, según CDC, son “virus, bacterias u otros gérmenes que normalmente se encuentran en la naturaleza pero que en ocasiones han sido modificados en laboratorio para aumentar su capacidad de dispersión, de resistir los tratamientos médicos o ser más dañinos”.
Estos ataques ya han ocurrido antes. Además de las cartas con ántrax que desataron un estado de paranoia en la década pasada, en 1995 los subterráneos de Tokio fueron el escenario de otro ataque bioterrorista con una mezcla de gas sarín con esporas de ántrax y botulismo.

En realidad, los pequeños organismos han sido utilizados como un elemento de combate desde tiempos remotos. Recordemos la peste bubónica, que terminó con 60% de poblaciones de África, Europa y Asia en 541 d. C. o más tarde, en 1346 en Europa cuando 30 millones de personas murieron por la peste negra. El uso de este tipo de ataques también se efectuó en la Segunda Guerra Mundial y en otros más recientes. Desde entonces, esta forma de combate ha sido parte de las más grandes preocupaciones de la seguridad de los Estados.
Sin ser alarmistas, diversos especialistas en seguridad nacional han coincidido en que un ataque bioterrorista puede ser posible. Un artículo de Reuters, donde se retoma una entrevista a comandante Supremo Aliado de la OTAN a Foreing Policy explica que,
“El avance de las tecnologías de biología sintética de bajo coste, el abaratamiento de la secuenciación del ADN y la divulgación del conocimiento a través de Internet crean las condiciones para un fenómeno biológico semejante al estallido de la gripe española hace un siglo que afectó a casi el 40% de la población global y cuya tasa de mortalidad fue de entre el 10% y el 20%. Extrapolado a la población actual, ello equivaldría a más de 400 millones de muertos”.

No podemos asegurar que, de hecho, se efectúe a corto o mediano plazo uno de estos ataques. A la par que se desarrollan tecnologías para la destrucción de la vida, otros científicos están ocupados en conseguir retrovirales y expertos en inteligencia en tener las cosas bajo control. La moneda aún continúa en el aire y alarmarse por algo que aún no sucede es inútil.

Si quieres saber más datos interesantes sobre ciencia, puedes adentrarte a estos “mitos de Albert Einstein que siempre creíste ciertos” y revisa estos “10 secretos de la misión más importante de la NASA”.
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Referencias:
BBC
Protocolo de Bioterrorismo
Reuters
CDC

