Hay un tipo de logro que merece celebrarse con matices. Brasil llegó a generar el 88% de su electricidad con fuentes renovables y superó su propia meta climática para 2030 antes de que terminara la primera mitad de la década. Es un número que muchos países desarrollados quisieran tener. Pero detrás de ese porcentaje hay una dependencia invisible que ningún informe energético suele incluir en sus gráficas: la selva amazónica.
Cómo se construyó una matriz casi verde
La base del sistema eléctrico brasileño siempre fue el agua. La hidroelectricidad representa más de la mitad de la generación total del país, una apuesta histórica que convirtió a Brasil en uno de los sistemas eléctricos más limpios del mundo mucho antes de que la transición energética fuera una conversación global. Lo que cambió en los últimos años fue la velocidad con la que el viento y el sol se integraron al mix.
Entre 2019 y 2024, la energía eólica y la solar duplicaron su participación dentro de la matriz. No fue un salto simbólico: fue una reconfiguración real del sistema. Y el momento en que eso se volvió tangible llegó en agosto de 2025, cuando ambas fuentes juntas alcanzaron el 34% de la generación mensual por primera vez. Lo significativo no es solo el porcentaje, sino el contexto en que ocurrió: las represas estaban en mínimos de cuatro años. El sistema no colapsó porque ya tenía respaldo real. Eso es resiliencia energética, no suerte.
El dato incómodo que los récords no incluyen
Aquí es donde el logro se complica. Brasil tiene una de las matrices más verdes del mundo y al mismo tiempo una de las deforestaciones más persistentes. La Amazonía no es solo un pulmón simbólico del planeta: es infraestructura hídrica funcional.
Los llamados «ríos voladores» son corrientes de vapor de agua que viajan desde la selva hacia el interior del continente y generan las lluvias que alimentan las cuencas hidrográficas. Sin esas lluvias, las represas no se llenan. Sin represas llenas, la hidroelectricidad —que sigue siendo el pilar del sistema— pierde capacidad. La deforestación, entonces, no es solo un problema ambiental o moral: es un riesgo operativo para la energía limpia del país.
Cuando las represas tocaron mínimos en 2025, el sistema aguantó gracias al viento y al sol. Pero eso no resuelve la ecuación de fondo. Diversificar las fuentes es inteligente; destruir el mecanismo que regula el clima regional es otra cosa.
Por qué este modelo importa más allá de Brasil
Brasil no es un caso aislado. Es uno de los experimentos más grandes del mundo sobre qué pasa cuando un país apuesta en serio por las renovables a escala nacional. Y lo que muestra es que la transición energética no puede pensarse solo en términos de tecnología instalada.
Los paneles solares y los aerogeneradores son parte de la solución, pero dependen de sistemas naturales que los sostienen: regímenes de lluvia, temperaturas, vientos estables. Cuando esos sistemas se alteran —por deforestación, por cambio climático, por ambos— la infraestructura verde también se vuelve vulnerable.
- La hidroelectricidad sigue siendo el ancla del sistema, pero es la más sensible al clima.
- Las energías eólica y solar demostraron que pueden cubrir la brecha en momentos críticos.
- La selva amazónica regula el ciclo del agua que hace posible todo lo anterior.
El modelo brasileño es real, es ambicioso y es, en muchos sentidos, ejemplar. Pero también es una advertencia: no hay transición energética sostenible si el ecosistema que la sostiene se sigue erosionando. La selva no aparece en los gráficos de energía limpia, pero sin ella, esos gráficos eventualmente cambian de dirección.
La infraestructura que no se ve
Uno de los errores más comunes al hablar de energía renovable es tratarla como si fuera independiente del entorno natural. Los datos de Brasil muestran lo contrario: la naturaleza es infraestructura. No metafóricamente, sino en términos operativos y económicos.
La pregunta que Brasil todavía no ha respondido del todo es si puede mantener ese liderazgo energético mientras la presión sobre la Amazonía continúa. Por ahora, el sistema resistió. Pero resistir no es lo mismo que resolver.
