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Home Breaking Tecnología

El bug que vació 70 millones en Bitcoin sin tocar un solo dispositivo

Irinea Funes by Irinea Funes
agosto 31, 2026
in Tecnología

La promesa de las billeteras hardware siempre fue la misma: si nadie toca tu dispositivo, nadie toca tu dinero. Era el axioma que justificaba pagar más, aprender más y confiar menos en los exchanges. El 30 de julio de 2025, ese axioma se rompió de una forma que nadie esperaba, y lo más perturbador no es el monto robado sino quiénes fueron las víctimas: exactamente las personas que más se habían esforzado por hacer las cosas bien.

Cómo un error de 2021 se convirtió en un robo de 2025

El modelo Coldcard Mk3 es, o era, considerado el estándar de oro de la autocustodia en Bitcoin. Dispositivo fuera de línea, sin Bluetooth, sin WiFi, con reputación de ser casi paranoicamente seguro. El problema estaba escondido en la versión 4.0.1 de su firmware, lanzada en marzo de 2021: un fallo que comprometía la entropía al momento de generar las semillas criptográficas.

En términos simples, la entropía es el nivel de aleatoriedad que hace que una llave criptográfica sea prácticamente imposible de adivinar. Una semilla de 128 bits genera un espacio de combinaciones tan grande que ni toda la potencia de cómputo del mundo podría recorrerlo en tiempo razonable. Pero el bug redujo esa entropía real a aproximadamente 40 bits, lo que equivale a alrededor de un billón de combinaciones posibles. Suena a mucho. Para alguien con los recursos y la motivación correctos, es un problema resoluble.

El atacante no necesitó acceso físico a ningún dispositivo. No hubo ingeniería social, no hubo phishing, no hubo fuerza bruta en el sentido tradicional. Solo un espacio de búsqueda lo suficientemente pequeño y suficiente poder de cómputo para recorrerlo. En 41 minutos, 1,082 BTC habían desaparecido.

Por qué esto duele diferente

Los robos en el ecosistema cripto tienen una taxonomía bastante predecible: exchanges hackeados, contratos inteligentes mal auditados, usuarios que caen en phishing. En todos esos casos existe un elemento de descuido, ya sea institucional o personal. Este caso es distinto porque el descuido no fue del usuario.

Las personas afectadas habían tomado exactamente las decisiones que la comunidad recomienda: usaron hardware wallets, mantuvieron sus dispositivos fuera de línea, confiaron en una marca con años de reputación. El fallo pasó inadvertido durante cinco años y a través de múltiples auditorías de seguridad, lo que plantea preguntas incómodas sobre los límites de la verificación independiente en software de bajo nivel.

Hay una ironía estructural aquí que vale la pena nombrar: entre más sofisticado es el usuario, más tiende a confiar en la capa de hardware como barrera definitiva. Esa confianza, completamente razonable dado el historial de Coldcard, fue exactamente lo que el atacante explotó.

Qué cambia ahora para quienes usan cold wallets

Coinkite, la empresa detrás de Coldcard, publicó firmware de emergencia tras el incidente. Pero actualizar el firmware no es suficiente para quienes ya generaron semillas con la versión comprometida. El daño está en el origen: si tu semilla fue creada con entropía reducida, esa semilla sigue siendo débil sin importar qué tan actualizado esté tu dispositivo hoy.

Las implicaciones prácticas para usuarios actuales son claras:

  • Generar semillas nuevas es el único camino real si se usó el Mk3 con firmware 4.0.1.
  • Las billeteras creadas con dados físicos o con passphrase BIP-39 no estuvieron expuestas, porque la entropía adicional compensa el fallo.
  • Migrar fondos a una nueva semilla, generada con un dispositivo actualizado o con entropía verificada externamente, es la acción recomendada.

El incidente también reactiva el debate sobre si la autocustodia total es para todos o si requiere un nivel de conocimiento técnico que la mayoría de usuarios no tiene, ni debería necesitar tener, para estar seguros.

El costo real de «ser tu propio banco»

«Not your keys, not your coins» es quizás el mantra más repetido en Bitcoin. La filosofía detrás es sólida: eliminar intermediarios elimina puntos de falla centralizados. Pero este caso demuestra que los puntos de falla no desaparecen, solo se redistribuyen. En lugar de confiar en un exchange, confías en el firmware de tu dispositivo, en las auditorías de terceros, en la cadena de suministro del hardware.

Eso no invalida la autocustodia como práctica. La invalida como solución mágica que elimina el riesgo. El riesgo siempre existe; lo que cambia es quién lo carga y dónde se esconde.

Lo que quedó expuesto el 30 de julio no fue solo un bug de firmware. Fue la brecha entre la narrativa de seguridad absoluta que rodea a las cold wallets y la realidad de que cualquier sistema de software, sin importar su reputación, puede tener fallas que tarden años en salir a la luz. La pregunta que sigue abierta es cuántas otras vulnerabilidades similares están esperando, silenciosas, en dispositivos que hoy consideramos inexpugnables.

Tags: tecnología

Irinea Funes

Irinea Funes

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