Lo único que une el destino de los seres humanos con el brillo de las estrellas brillantes que definen su signo zodiacal, es que muy probablemente la estrella esté tan muerta como los sueños de quienes confían su destino a los astrólogos. Aunque ha quedado demostrado por científicos a lo largo de la historia que no hay absolutamente nada de verdad en las predicciones de los signos zodiacales, millones de personas creen en ellos ciegamente ¿Por qué? El astrónomo, astrofísico, cosmólogo, astrobiólogo, escritor y divulgador científico estadounidense Carl Sagan (el ser humano que logró mandar mensajes a las estrellas y que dijo esto sobre la posiblidad de encontrar vida extraterrestre) intentó de responder esta pregunta en su programa ‘Cosmos’.
Sagan explicaba que, mientras los astrónomos intentan dar sentido a lo que ven a través de los telescopios, develar a las estrellas como realmente son y descubrir la función que tienen en el cosmos, los astrólogos solamente “imaginan” cómo es que sus trayectorias influyen en nuestra vida diaria.
“Para los astrónomos, Marte es un lugar tan real como la Tierra, un mundo esperando exploración”, señala. “Para los astrólogos Marte es un guerrero, el instigador de peleas, de violencia y destrucción”.

Esto no fue así siempre: de hecho, hubo una época en la historia de la humanidad en la que la astronomía y la astrología iban de la mano. Llegó un momento en que la astronomía escapó de los confines de la astrología y las dos tradiciones comenzaron a divergir. Fue hasta las observaciones de Johannes Kepler que se comenzó a desmitificar el cielo nocturno.
“Los fundamentos intelectuales de la astrología fueron barridos hace 300 años y, sin embargo, muchas personas todavía toman en serio la astrología. ¿Alguna vez notó lo fácil que es encontrar una revista sobre astrología? Prácticamente todos los periódicos en Estados Unidos tienen una columna diaria sobre astrología y casi ninguno tiene siquiera una columna semanal sobre astronomía”, se queja Sagan.
Todo esto sucede por la arraigada creencia en los astros, que persiste en casi todas las culturas del mundo. Hace unos miles de años se desarrolló la idea de que los movimientos de los planetas determinan el destino de los imperios, de las dinastías y de los reyes.

“Los astrólogos estudiaron los movimientos de los planetas y se preguntaron qué había pasado la última vez que Venus entró en la constelación de la cabra; tal vez algo similar pasaría esta vez también”, cuenta Sagan sobre la historia de los astrólogos que se convirtieron en herramientas para los gobernantes. Estos se convirtieron en empleados estatales exclusivos y muchos países convirtieron la adivinación que no se hiciera para los gobernantes en un crimen. Es decir, si alguien leía los astros para alguien que no fuera el Gran Líder, se quedaba sin cabeza.
“Los astrólogos de la corte china que hicieron predicciones inexactas fueron ejecutados, otros simplemente manipularon los registros para que luego estuvieran en perfecta conformidad con los eventos. La astrología se convirtió en un disciplina extraña, una mezcla de observaciones cuidadosas, matemáticas y mantenimiento de registros con pensamiento confuso y fraude piadoso”, cuenta Carl.
Cuando esta época de astrólogos gubernamentales terminó, la astrología prosperó por una sola y sencilla razón: la vida realmente no tiene sentido. Las personas buscaban un “significado cósmico” a su rutina diaria. “(La astrología) pretende satisfacer nuestro anhelo de sentirnos personalmente conectados con el universo. La astrología sugiere un fatalismo peligroso. Si nuestras vidas están controladas por un conjunto de señales de tránsito en el cielo, ¿por qué intentar cambiar algo aquí?”, dice el divulgador científico.

El problema que ve Carl Sagan en la astrología moderna es que esta “te dice qué hacer, no lo qué va a pasar”, además de que las predicciones varían de un astrólogo a otro”. ¿Cómo podrían tener destinos tan profundamente diferentes dos personas que nacieron en el mismo lugar, fecha y hora como unos hermanos gemelos?
“El deseo de estar conectado con el cosmos refleja una profunda realidad. Estamos conectados, no en las formas triviales que la pseudociencia de la astrología nos lo dice, sino en formas más profundas. Nuestro pequeño planeta está bajo la influencia de una estrella. El Sol nos calienta conduce el clima sustenta la vida. Hace 4 mil millones de años se creó la vida en la Tierra. Pero nuestro Sol es solo uno de los millones de millones de estrellas dentro del universo observable y esos incontables soles, todos, obedecen a las leyes naturales, algunas de las cuales ya conocemos”, sentenció Sagan.

