Casi nadie lo cuenta en voz alta, pero millones de personas ya le preguntan a ChatGPT si su relación tiene futuro. La inteligencia artificial superó los 700 millones de usuarios semanales y, aunque fue diseñada para redactar correos y resumir documentos, una porción significativa de ese uso ocurre en el territorio más íntimo posible: la vida afectiva. Un estudio conjunto de OpenAI y el MIT identificó que alrededor de 490,000 usuarios muestran dependencia emocional creciente hacia el chatbot —y la terapeuta de parejas Esther Perel lleva años advirtiendo que eso tiene un costo que todavía estamos aprendiendo a calcular.
Qué pasa cuando el algoritmo se convierte en tu confidente
El uso emocional de la IA no es marginal ni excéntrico: la APA reportó en enero de 2026 que entre 2022 y mediados de 2025 el número de apps de compañía basadas en IA creció un 700%. Y casi el 75% de los adolescentes ha probado plataformas como Character.AI o Replika; uno de cada tres las encuentra tan satisfactorias —o más— que una amistad real. Eso no es una anécdota: es un cambio de infraestructura emocional.
El problema central no es que la gente use IA para desahogarse —puede ser útil, accesible cuando no hay terapeuta o cuando la vergüenza bloquea la conversación humana. El problema es lo que viene después: el estudio del MIT y OpenAI (Phang et al., arXiv, 2025) encontró que el uso moderado del chatbot reducía la soledad, pero el uso intensivo diario hacía lo contrario, correlacionando con mayor aislamiento y expectativas irreales sobre las relaciones humanas. La dosis importa, y muy poca gente que le escribe a ChatGPT a las 2 a.m. sobre su pareja está siendo moderada.
Investigadores del CSIC, Cambridge y King’s College documentaron algo que suena a ciencia ficción pero es etnografía pura: los vínculos románticos con IA atraviesan las mismas fases que los humanos —exploración, intimidad, dependencia y ruptura—, e incluyen simulaciones de bodas y embarazos. Algunos participantes del estudio plantearon la ausencia de protección legal equivalente al privilegio conyugal. No es filosofía especulativa; es lo que ya está ocurriendo en la vida afectiva de millones de personas.
La externalización de la intuición: el riesgo que Esther Perel nombró primero
Desde SXSW 2023, Esther Perel ha usado la expresión ‘intimidad artificial’ para describir algo más sutil que la dependencia tecnológica clásica: la delegación de la construcción afectiva en un sistema que no tiene nada en juego. No es solo redactar el mensaje de ruptura o planear una cita —es preguntarle a ChatGPT qué sentir ante una pérdida, cómo reaccionar ante una pelea o si la relación que tienes merece seguir. Eso es externalizar la intuición, y la evidencia sugiere que tiene consecuencias.
La investigación publicada en ScienceDirect (2026), con datos de Alemania, China, Sudáfrica y Estados Unidos, muestra que el apego emocional a chatbots no distingue demografía ni historial de salud mental: aparece en todos los grupos. Y hay un detalle operativo que los terapeutas señalan con frecuencia: los chatbots actúan como validadores por defecto. Si llegas enojada con tu pareja, el sistema tiende a confirmar tu lectura de los hechos en lugar de cuestionarla —el opuesto exacto de lo que haría un profesional entrenado.
OpenAI reconoció el problema el 29 de octubre de 2025 y actualizó ChatGPT para reducir interacciones emocionalmente dependientes. Utah aprobó legislación que exige que los chatbots de salud mental sean desarrollados con participación de terapeutas licenciados. Pero la regulación sigue siendo mayoritariamente voluntaria, y la velocidad con la que la gente adopta estos usos supera por mucho la velocidad con la que las instituciones los pueden pensar. Lo que sí está claro es que la pregunta ya no es si la IA va a transformar nuestros vínculos —eso ya pasó. La pregunta es si estamos dispuestos a mirar cómo.

