Cuando Tim Cook tomó el control de Apple en agosto de 2011, el mundo tecnológico lo miraba con escepticismo. Steve Jobs había muerto semanas después de cederle el puesto, y la pregunta que todos se hacían era la misma: ¿puede alguien llevar una empresa sin ser su fundador visionario? Quince años después, la respuesta está escrita en números que ninguna corporación en la historia del capitalismo había alcanzado antes.
El 1 de septiembre, John Ternus asume formalmente como CEO. Cook no desaparece —seguirá como presidente ejecutivo del consejo, con énfasis en relaciones gubernamentales—, pero la era que él definió termina. Y vale la pena detenerse a entender qué fue exactamente lo que construyó, porque no fue solo dinero.
El CEO que nadie esperaba
Cook no era un visionario de producto. Era un maestro de la cadena de suministro, un operador brillante que había pasado años haciendo que Apple funcionara por dentro mientras Jobs se llevaba los aplausos por fuera. Su perfil no encajaba con el imaginario del líder tecnológico carismático que el mundo esperaba.
Pero eso resultó ser, precisamente, su ventaja. Cook entendió algo que muchos pasaron por alto: Apple no necesitaba otro Jobs. Necesitaba a alguien que pudiera escalar lo que Jobs había construido sin romperlo. Y eso requería un tipo de inteligencia distinta —más sistémica, más paciente, más orientada a la ejecución que a la revelación.
Lo que siguió fue una de las expansiones corporativas más sostenidas de la historia moderna. Los ingresos anuales pasaron de 108 mil millones a más de 416 mil millones de dólares. La capitalización de mercado saltó de 350 mil millones a 5 billones —la cifra más alta que cualquier empresa haya alcanzado en la historia.
Los productos que definieron su era
Bajo Cook, Apple lanzó categorías enteras de negocio que hoy parecen obvias pero que en su momento implicaban apostar fuerte. El Apple Watch convirtió a la compañía en el fabricante de relojes más vendido del mundo, superando marcas suizas con siglos de historia. Los AirPods crearon un mercado de audífonos inalámbricos premium que hoy todos los competidores intentan imitar. El Vision Pro abrió —con cautela, con precio elevado, con promesas de largo plazo— lo que Apple llama la era de la computación espacial.
Pero quizás el movimiento más estratégico de Cook no fue un dispositivo: fue convertir los Servicios en un pilar del negocio. Apple Music, el App Store, Apple TV+, iCloud, Apple Pay —todo ese ecosistema genera hoy más de 109 mil millones de dólares al año. Es un negocio de software y suscripciones que protege a Apple de los ciclos de hardware y la hace menos dependiente de que cada nuevo iPhone sea un golpe de efecto.
Lo que deja sobre la mesa
El legado de Cook también incluye tensiones que no resolvió del todo. La inteligencia artificial llegó tarde a Apple comparada con sus rivales —Google, Microsoft y OpenAI marcaron el ritmo mientras Cupertino observaba. Apple Intelligence, la apuesta de la compañía en este terreno, apenas comienza a desplegarse y todavía tiene que demostrar que puede competir en un campo donde otros llevan años de ventaja.
También quedan preguntas sobre regulación. Apple enfrenta escrutinio antimonopolio en múltiples mercados por el control que ejerce sobre el App Store y su ecosistema cerrado. Cook navegó esas aguas con habilidad diplomática —de ahí que su nuevo rol se enfoque en relaciones con gobiernos—, pero los litigios y las presiones regulatorias seguirán siendo una herencia complicada para Ternus.
Qué sigue con John Ternus
Ternus llega al puesto desde el área de ingeniería de hardware —fue responsable del chip M1 y de la transición de Apple Silicon, uno de los movimientos técnicos más ambiciosos de la compañía en décadas. Su perfil sugiere que Apple podría volver a poner el producto en el centro de su identidad pública, aunque en un contexto muy distinto al de los años de Jobs.
La empresa que hereda es más grande, más compleja y más dependiente de su ecosistema de servicios que nunca. El reto no es crecer desde cero: es mantener la relevancia cultural y tecnológica de una marca que ya lo tiene todo, en un momento en que la inteligencia artificial está redibujando las reglas del juego.
Cook convirtió Apple en la empresa más valiosa de la historia. La pregunta que Ternus tendrá que responder es si puede mantenerla ahí —y si puede hacerlo siendo, también, algo más que el guardián de lo que otros construyeron.
