Existen estereotipos que califican a los latinos como personas desinhibidas y pasionales, a los ingleses como fríos y a los franceses con poco sentido del humor. A los japoneses se les ha catalogado por tener la pinta de ser personas sumamente disciplinadas y a veces poco apasionadas. Si bien en algunas ocasiones, la idea que tenemos de las diferentes regiones del mundo se aleja por completo de la realidad, hay otros que no están tan lejos de ésta.
En la actualidad, la mayoría de los jóvenes japoneses han dejado de tener sexo; sin embargo, las razones no son porque su personalidad lo amerite, esto ocurre por algo mucho más preocupante.
Al parecer, pronto encontraremos en la sociedad japonesa un “Mundo feliz” como en la novela de Aldous Huxley. Un mundo feliz donde el sexo esté prohibido y la reproducción humana se dé a través de máquinas artificiales. Un mundo feliz donde no se experimente afecto por otro individuo, donde cada uno tenga una meta que cumplirá por el resto de sus días sin desviarse por cosas como los sentimientos o la pasión. Parece ser que la ciencia ficción se convirtió en la realidad nipona.
Los japoneses sufren un síndrome de celibato que, asegura el gobierno, puede acabar y extinguir al país. Los jóvenes están perdiendo el interés en las relaciones convencionales. Millones ni siquiera tienen citas y el número de aquellos que no quieren ser molestados con sexo aumenta.
Japón tiene una de las tasas de natalidad más bajas del mundo; su población es de 126 millones, la que en la última década ha reducido significativamente. Si el país continúa así, se prevé que para 2060 su población disminuya un tercio.
El número de solteros ha llegado a un nivel récord. Una encuesta realizada en 2011 encontró que el 61% de los hombres solteros y el 49% de las mujeres entre 18 y 34 años de edad no estaban en ningún tipo de relación romántica, un aumento de casi el 10% respecto a una investigación realizada cinco años antes.
Otro estudio halló que un tercio de las personas menores de 30 nunca había tenido una cita. Durante mucho tiempo ha habido una separación pragmática del amor y el sexo en Japón, de esa manera, el sexo tarifario les parece mejor. Una encuesta realizada en 2011 por la Asociación de Planificación Familiar de Japón (JFPA) encontró que 45% de las mujeres mayores de 16 y 24 “no estaban interesadas o despreciaban el contacto sexual”. Más de un cuarto de hombres sentía lo mismo.
La presión de conformarse con el modelo Japonés anacrónico de familia modelo: tener un esposo asalariado o una mujer ama de casa, permanecen. El matrimonio se ha convertido en un campo minado de decisiones poco atractivas. Los hombres japoneses se han vuelto menos solventes, pues la seguridad en el empleo de por vida ha disminuido, mientras que las mujeres japonesas se han vuelto más independientes y ambiciosas. Muchos recurren a opciones más fáciles o instantáneas como el sexo casual, citas a corto plazo y los males tecnológicos habituales: porno online, novias de realidad virtual o dibujos animados anime como el hentai.
Las tradiciones oficiales hacen ver el matrimonio como una mala decisión, incluso un antiguo refrán japonés versa: “El Matrimonio es la tumba de una mujer”. Para la mujer japonesa hoy en día, el matrimonio es la tumba de su esfuerzo para tener una carrera e independencia económica, puesto que alrededor del 70% de las mujeres japonesas dejar sus trabajos después de su primer hijo.
El Foro Económico Mundial sitúa a Japón como uno de los peores del mundo para la igualdad de género en el trabajo, y es que las actitudes sociales no ayudan. Las mujeres que poseen trabajo y además se casan son conocidas como oniyome, o “diablo esposas”.
La sexualidad japonesa también se encuentra en un cambio rotundo; el fenómeno surgió hace unos años con la emisión de un manga japonés que se convirtió en serie de televisión. En éste, el personaje principal era un gran campeón de artes marciales y el rey de los chicos cool, pero en secreto le encantaba hornear pasteles y tejer ropa para sus animales de peluche. Esta serie se convirtió en el horror de las corporaciones japonesas antiguas y causó un revuelo generacional, pues los jóvenes querían ser como el ícono televisivo.
El sistema que reproduce papeles conyugales segregados como esposas dentro de sus casas y maridos en el trabajo de 20 horas al día, también crea un ambiente ideal para vivir solo. Las ciudades japonesas están llenas de cosas que se realizan de uno. Hay cafeterías sólo para mujeres, pisos de hotel y hasta el bloque de apartamentos impares, o bolas de arroz envueltas para consumo individual.
Tomomi Yamaguchi, un profesor de Antropología en la Universidad Estatal de Montana en Estados Unidos y nacido en Japón, asegura que “más personas están descubriendo que prefieren estar solos por elección, lo que se ha convertido en una nueva realidad”.
En Asia, Europa y América, las personas se están casando más tarde o simplemente no lo hacen por lo que las tasas de natalidad están cayendo, pero en Japón se realiza de manera más rápida. Esto ocurre, probablemente, por la falta de una autoridad religiosa que ordena el matrimonio y familia, los muchos sismos que ocurren en el país engendran sentimientos de futilidad y el alto costo de vida y crianza de los niños, que también afecta sus decisiones de vida. Japón está evolucionando hacia un tipo de sociedad cuyo funcionamiento sólo ha sido contemplado en la ciencia ficción.
Según el Instituto de población del gobierno, las mujeres en sus veintes tienen una probabilidad de uno a cuatro de nunca casarse. Sus posibilidades de permanecer sin hijos son aún mayores, casi el 40%.
Aunque Japón es sexualmente permisivo, la fantasía que la sociedad tiene sobre las mujeres menores de 25 años es de una mujer increíblemente linda y virginal. En un estudio de la Asociación de planificación familiar de Japón 2013 sobre sexo entre los jóvenes, reveló muchos datos, sin embargo, no se reveló tanto del estudio como de las respuestas del líder de la asociación. Cuando se le cuestionó por qué la mayoría de las respuestas venían de los hombres, aseguró que se debe a que el “Deseo sexual proviene de hombres,” dijo el hombre que asesora al gobierno y remató con la siguiente afirmación: “las mujeres no experimentan los mismos niveles de deseo”.
Volviendo a lo básico, la ex dominatrix Ai Aoyama está decidida a educar a sus clientes sobre el valor de la intimidad “piel con piel, corazón a corazón”. Asegura que “no es sano que las personas estén convirtiéndose en tan físicamente desconectadas unos de otros”. Las relaciones sexuales con otra persona son una necesidad humana que ayuda a la producción de hormonas del placer y ayuda a que funcionemos mejor en nuestra vida. Diario observa personas que anhelan el calor humano, incluso si no quieren la molestia de matrimonio o una relación a largo plazo. Ella reprende al gobierno por el miedo que ha infundido al matrimonio y los nacimientos.
Probablemente, en un futuro la sociedad japonesa encuentre nuevas formas para no parar la reproducción de su descendencia, aunque esto no implique el contacto físico. Tal vez sustituyan el cariño de otras maneras y sean el ejemplo de la siguiente evolución de los seres humanos.
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