Hay pinturas que se miran y hay pinturas que te atrapan. Las de Remedios Varo pertenecen a la segunda categoría con una precisión casi cruel: sus escenas tienen la lógica interna de los sueños, ese tipo de coherencia que solo existe mientras duermes y que se deshace en el momento en que intentas explicarla. Pero a diferencia de los sueños, los cuadros de Varo permanecen. Puedes regresar a ellos, y ellos siempre tienen algo nuevo que mostrarte.
Un universo con sus propias leyes
Lo primero que habría que entender sobre el universo pictórico de Remedios Varo es que no es arbitrario. Aunque a primera vista sus composiciones parecen caprichosas —torres que flotan, mujeres que tejen el cosmos, gatos que funcionan como brújulas espirituales—, cada elemento responde a una lógica simbólica muy trabajada. Varo era lectora voraz: alquimia, esoterismo, física, filosofía medieval. Todo eso se filtra en sus imágenes con una elegancia que nunca se vuelve pedante.
Sus personajes habitan espacios que son simultáneamente interiores y exteriores, privados y cósmicos. Las ciudades que pinta parecen sacadas de una Europa medieval que nunca existió pero que se siente más real que muchas fotografías. Sus criaturas —y sí, los gatos son personajes frecuentes y significativos en su obra— no ilustran una idea: la encarnan. Ser un gato en un cuadro de Varo no sería ser un adorno; sería ser parte de un sistema de conocimiento.
Por qué el surrealismo de Varo es diferente
Remedios Varo llegó al surrealismo desde España, lo vivió en París y lo transformó en México. Ese recorrido importa porque cada etapa le añadió capas a su visión. El surrealismo europeo —dominado por hombres como Breton y Dalí— tendía a usar el cuerpo femenino como objeto de proyección. Varo hizo exactamente lo contrario: convirtió a la mujer en sujeto activo, en alquimista, en viajera, en creadora del universo.
Sus figuras femeninas no esperan ni son contempladas. Hacen cosas: cocinan constelaciones, navegan en embarcaciones imposibles, descubren habitaciones secretas dentro de sí mismas. Hay en eso una declaración filosófica que el tiempo ha vuelto más evidente: Varo no pintaba fantasías de evasión, pintaba mapas de la vida interior con la misma seriedad con que un cartógrafo traza territorios desconocidos.
Habitar lo imposible como práctica cotidiana
La pregunta de qué sería despertar dentro de uno de sus cuadros tiene más peso del que parece. En cierta forma, Varo ya respondió esa pregunta con su propia vida: fue refugiada, exiliada, sobreviviente de una guerra, inmigrante en un país que no era el suyo. Construyó mundos pictóricos habitables precisamente porque el mundo real le había resultado, en más de una ocasión, inhabitable.
Sus cuadros son refugios con arquitectura propia. Y eso los hace distintos a casi todo lo que se producía en su época. No son provocaciones ni manifiestos visuales: son lugares. Lugares donde la gravedad funciona diferente, donde los animales tienen agencia, donde el tiempo no avanza en línea recta sino en espiral.
- En Exploración de las fuentes del río Orinoco, una figura navega hacia el interior de un árbol hueco como si el conocimiento fuera literalmente un territorio que se puede recorrer.
- En Bordando el manto terrestre, mujeres encerradas en una torre tejen paisajes que caen por las ventanas y se convierten en el mundo exterior.
- En Naturaleza muerta resucitando, los alimentos flotan en una danza que niega la muerte con humor y con gracia.
Lo que Varo nos sigue preguntando
Remedios Varo murió en 1963 en Ciudad de México, la ciudad que la adoptó y que ella, a su manera, también adoptó. Su obra completa no es extensa en cantidad, pero es densa en significado. Cada cuadro es un sistema cerrado que, paradójicamente, se abre hacia afuera en cuanto lo miras con atención.
La pregunta que lanza su universo no es solo «¿qué pasaría si?» —la pregunta clásica del surrealismo—. Es algo más incómodo y más honesto: ¿cuánto de lo que llamas realidad ya tiene la textura de sus pinturas? Esa incomodidad, sostenida con belleza y con inteligencia, es exactamente por qué Remedios Varo sigue siendo tan urgente.
