Nadie nos enseña a hacer amigos y mucho menos mejores amigos. Siendo hija única, los amigos para mí son como hermanos pues son las personas que me ayudan a comprender cuánto se puede amar a alguien.
Cuando nos elegimos como mejores amigas, imaginé que estaríamos toda la vida juntas. Me imaginé compartiendo contigo mis éxitos y tú enseñándome y recordándome lo grandiosa que eras. Incluso ya habíamos planeado cómo serían nuestras bodas y que obviamente íbamos a ponernos borrachas hasta morir. También estaba segura de que mis hijos, que aún no existen, te llamarían tía.
Nunca pensé que un día estaría escribiéndote por WhatsApp a un número que ya no existe que te extraño con todo mi ser, porque mi cerebro no tuvo tiempo de asimilar que simplemente te habías ido.
Esos días oscuros, después de que te fuiste, fueron tan raros porque no sabía si llorar, ir a buscarte al hospital, gritar y hasta llegué a sentir odio porque te fuiste y porque tu partida no fue como terminar una relación con un novio, que sabes que sigue ahí por la vida; tú te fuiste por completo, me dejaste el corazón roto y nadie te habla de cuánto duele perder a una amiga así, de un día para otro.
Tampoco, nadie me dijo que nunca iba a superar ese dolor. Que siempre estaría esperando un mensaje tuyo o una llamada tuya. Que cuando me rompieron el corazón, quería correr contigo y no se pudo. Que cada que hago algo que nos gustaba hacer juntas, pienso cómo sería si estuvieras aquí. Hasta me he imaginado peleándonos por una estupidez, para poder justificar que simplemente ya no estás y que por eso no me escribes.
Y no quiero sonar malagradecida con todos mis amigos que me aman, pero siempre estaré esperando a que tú me respondas un “te amo” o hasta que me mandes un estúpido meme.
La verdad es que incontables veces he gritado con odio por el pinche covid que te arrebató la vida. Tengo pesadillas por recordar esos momentos en los que no sabíamos qué hacer, el imaginar que no te pude dar un último abrazo y ni siquiera pude llevarte flores a tu funeral.
Fue hasta hace un año que se me quitó el pavor de salir y por fin pude ir a tu tumba y realmente me rompí porque muy en el fondo de mi corazón tenía la esperanza de que siguieras viva perdida en algún hospital y no fue así. La psicóloga me explicó que ver tu tumba fue la forma de materializar que ya no estabas, de cerrar ese ciclo y que era completamente normal que mi cerebro pensara que seguías viva porque para mí y para tu familia, simplemente te fuiste como estrella fugaz.
Sigo hablando con tu mamá y me agradece por todo el amor que vivimos juntas y yo le agradezco por el simple hecho de haberte traído a este mundo. De haberme dado la oportunidad de sonreír juntas, de cantar, de llorar y de maldecir a los desdichados que nos rompían el corazón.
Gracias por enseñarme que la vida es ahorita y mil gracias más por haberme dado la oportunidad de hablar por teléfono contigo antes de entrar al hospital y decirnos “te amo”. Gracias por enseñarme de por vida que siempre hay que expresar nuestro amor a la gente que queremos porque no sabemos cuándo será la última vez.
Te amo para siempre y para todas las vidas porque las almas gemelas no solo son las relaciones de pareja, también son las mejores amigas. Estoy segura de que tú también eras mi alma gemela.
Hoy te dedico cada una de mis sonrisas y cada uno de mis éxitos; y cada que lloro, me imagino que me abrazas porque sé que tu energía siempre está conmigo.
Y como las canciones de amor no siempre se dedican a las parejas, esta va para ti.
Carta a mi ‘casi algo’ del que me enamoré y me rompió el corazón
