Sí, me pasó a mí: mi novio decidió terminar conmigo un día antes de San Valentín.
Como si el universo conspirara para hacer que esa fecha fuera aún más memorable, pero de la manera menos romántica posible.
Para ponerlos en contexto, estábamos juntos desde hacía dos años, una relación que para mí, a mis 25 años de es entonces, se sentía como un logro importante.
Él era mi mejor amigo desde la universidad, y eso es lo que más me duele de toda la situación: perder a alguien tan cercano de repente.
Recuerdo que el día previo a San Valentín estaba llena de emociones encontradas. Habíamos planeado una noche especial, pero algo en el aire me hizo sentir incómoda.
Él tenía semanas súper apático y distante y solo decía “nada”, cuando le preguntaba que qué le pasaba. Me tenía en ansiedad y preferí darle espacio. Algo presentía, pero al mismo tiempo deseaba que todo estuviera bien.
Nos vimos el 13 de febrero y mi intención era hablarle de esa “noche especial” que había imaginado para celebrar San Valentín juntos.
Pero después de cenar, en lugar de flores y chocolates, recibí una noticia inesperada: mi novio quería terminar. Justo en ese momento, sentí una patada en el estómago.
Lo complicado de terminar en esa fecha es que te ves obligada o a fingir o a contarle a todos, incluso a esos conocidos del trabajo con quienes apenas hablas, que tu relación llegó a su fin.
Así que, entre abrazos falsos y sonrisas forzadas, me vi en la difícil posición de aparentar que todo estaba bien cuando, en realidad, mi corazón estaba hecho pedazos.
Fue difícil lidiar con el hecho de que mi mejor amigo no solo dejaba de ser mi novio, sino que también se alejaba de mi vida.
La falta de tacto para elegir ese momento me dolió más que la propia ruptura. Aunque en su defensa debo decir que, según él, llevaba meses sintiéndose así, pero simplemente no encontró la manera de comunicármelo. A veces, las personas simplemente no saben manejar el final de una relación.
El tiempo ha pasado, y ahora puedo decir que lo que no te mata, te hace más fuerte.
Después de aquel San Valentín, me di cuenta de que merezco algo mejor y que la vida tiene maneras extrañas de enseñarnos lecciones.
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La risa ha reemplazado al coraje, y las lágrimas se han evaporado. Aunque el amor y la amistad que sentía por él se esfumaron, dejaron espacio para nuevas experiencias y, sobre todo, para el amor propio.
Así que, si alguna de ustedes está pasando por un San Valentín menos que ideal, recuerden que el tiempo lo cura todo y que el amor propio es el mejor regalo que podemos darnos (Saludos Nicki Nicole, por cierto 🥲).
Gracias a Cultura Colectiva y a la Tia Ceci por este espacio para desahogarme.
Atentamente: San Valentina
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