El Ángel de la Independencia es uno de los monumentos más emblemáticos de la CDMX y al mismo tiempo de todo México. Sin embargo, pese a que sus escalinatas han sido pisadas por miles de mexicanos, pocos conocen su verdadera historia y los secretos que oculta.
Contrario a lo que muchos podrían pensar, la figura que corona la columna no es un ángel, sino la representación de Niké, la diosa griega de la victoria, razón por la cual el monumento también es conocido como la ‘Victoria alada’.
¿Quién es Niké?
Niké, con acento al final para evitar confusiones con la marca de tenis, es la personificación griega de la victoria. De hecho, la propia palabra ‘Victoria‘ en español proviene de la interpretación romana de esta diosa.
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La diosa desempeñó un papel fundamental en las historias de otros dioses y a menudo puede verse representada volando sobre el campo de batalla y llevando consigo la gloria y la fama.
Para lograr tal tarea, Niké contaba con alas y una habilidad nata para correr rápidamente, y siempre iba con una hoja de palma o una corona de laurel que representaba la victoria.
Es por esta razón que cada que en México se celebra un logro o éxito, el Ángel de la Independencia se convierte en el punto de reunión obligado.
"El Angel" -que en verdad no es un ángel sino Niké, la diosa griega que representaba la victoria-, una escultura de 6,7 metros de alto y siete toneladas de bronce recubierto con hojas de oro de 24 kilates. pic.twitter.com/pVWThOk9N7
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El Ángel de la Independencia
No es difícil ver la influencia de Niké al observar el Ángel de la Independencia, pues el escultor Enrique Alciati, responsable de la impresionante obra, se inspiró en la diosa griega, pero también le agregó su propio toque, poniéndole eslabones rotos en una mano para simbolizar el fin de la conquista.
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El monumento no se limita a la Victoria Alada; pues también incluye una enorme columna de 36 metros, obra de Antonio Rivas Mercado, y estatuas en la base que representan la justicia, la paz y la guerra para así darle una altura total de 45 metros.
Un monumento siempre en pie
El Ángel de la Independencia se erigió por primera vez en 1910, por decreto de Porfirio Díaz, como parte de las celebraciones del Centenario de la Independencia de México. A lo largo de más de cien años, ha sido testigo de innumerables eventos históricos.
En 1920, el monumento se convirtió en mausoleo cuando los restos de los héroes de la Independencia fueron trasladados a su interior por decreto presidencial.
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El Ángel también ha soportado daños a lo largo de su historia, como en 1957, cuando cayó de su pedestal durante un terremoto de 7.7 grados que sacudió la ciudad. A pesar de la reconstrucción posterior, la cabeza original del Ángel ahora se encuentra en la entrada del Archivo Histórico de la Ciudad de México.
En tiempos más recientes, el monumento ha sido objeto de constantes remodelaciones debido a las intervenciones sufridas durante diversas protestas; recientemente se retiraron las vallas protectoras que ocultaban su majestuosidad.
Es innegable que, mientras la Victoria Alada siga en pie, continuará siendo objeto de intervenciones y daños, ya sean causados por la mano humana o por la naturaleza. No obstante, la Victoria que representa, personificada por la diosa Niké, perdurará a lo largo del tiempo, como lo ha hecho desde la época de los griegos, y parece que no tiene intención de desaparecer.

