Las Pirámides de Giza acaban de cerrar una era. Los camellos y caballos que durante décadas fueron parte del paisaje turístico más fotografiado del planeta están siendo desplazados del complejo arqueológico, reemplazados por una flota de 45 autobuses eléctricos que recorren la meseta con siete paradas. La medida forma parte de un proyecto de modernización de 51 millones de dólares liderado por el gobierno egipcio y Orascom Pyramids Entertainment, pero tiene una historia mucho más larga, mucho más incómoda, detrás.
Lo que PETA documentó y el mundo prefirió no ver
Desde al menos 2019, investigadores de PETA Asia realizaron investigaciones encubiertas en el complejo de Giza y en el mercado de camellos Birqash, uno de los principales proveedores de animales para el turismo de la zona. Las imágenes que obtuvieron mostraban camellos y caballos golpeados, sin acceso a agua, comida ni sombra, operando bajo temperaturas extremas para dar paseos a turistas que pagaban unos pocos dólares. El resultado de esas investigaciones fue el arresto de tres comerciantes bajo el Artículo 357 del Código Penal egipcio, que contempla hasta seis meses de prisión por maltrato animal.
La campaña que siguió fue masiva: más de 250,000 personas enviaron cartas directamente al Ministerio de Turismo de Egipto exigiendo un cambio. La presión terminó funcionando, aunque no de forma inmediata ni total. En febrero de 2025, Airbnb y otras cinco compañías de viajes —Black Tomato, Shore Excursions Group, ToursByLocals, Under30Experiences y World Travel Holdings— acordaron con PETA retirar de sus plataformas toda oferta de paseos en camello y caballo en Giza. La decisión de las plataformas llegó antes de que el gobierno terminara de implementar la suya, lo cual dice bastante del peso que tiene la presión organizada cuando apunta al bolsillo del sector. cómo PETA logró cambios en Disney
45 autobuses, 7 paradas y 1,500 empleos prometidos
El proyecto que está cambiando la cara de Giza no nació del bienestar animal: nació del dinero y de la congestión. Orascom Pyramids Entertainment opera bajo una concesión de 10 años con el Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto, con una inversión total que supera los 1,000 millones de libras egipcias —alrededor de 51 millones de dólares— destinados a un nuevo centro de visitantes, boletería digital, restauración de tumbas y, de forma central, la sustitución del transporte tradicional. En 2025, la empresa añadió 10 millones de dólares adicionales, incluyendo un venue para conciertos de hasta 15,000 personas.
Los visitantes ahora acceden por una nueva entrada en la carretera de Fayoum y se mueven exclusivamente en los autobuses eléctricos ‘hop-on, hop-off’, que salen cada cinco minutos. Los vehículos privados y los autobuses turísticos convencionales ya no pueden ingresar al plateau. Es un cambio radical en la experiencia, y no ha sido sin fricción: reportes de Egyptian Streets de abril de 2025 documentan quejas de visitantes con el nuevo sistema de acceso, lo que confirma que la transición todavía está en marcha y no está libre de errores.
El capítulo más tenso es el social. Decenas de camelleros con décadas de trabajo en el lugar han sido reubicados fuera del perímetro central. El gobierno egipcio prometió reconvertirlos en operadores de transporte o vendedores de souvenirs, con una meta de 1,500 nuevos empleos en el sector turístico. Si esa promesa se cumple o no es la pregunta que ningún comunicado oficial responde todavía. Mientras tanto, el ecoturismo como mercado global ya vale 470,000 millones de dólares, y Egipto quiere una porción mayor de eso, con o sin camellos en el encuadre.

