La onda de calor en México es solo otro pretexto para recordarte que mereces andar fresca, usar shorts, salir de falda, mostrar tus brazos o vestirte como te da la gana, no importa el tamaño de tu cuerpo o tu talla.
Cada quien vive procesos de autoaceptación distintos, pero quizá mi historia te inspire.
Los días calurosos fueron una de las primeras señales de que algo no andaba bien. Es decir, no me parecía normal tener que soportar más calor que los demás porque mis brazos son gordos y eso “no se ve bien”.
Me parecía profundamente injusto y me asombraba lo normalizado que estaba.
Todas las mujeres a mi alrededor hablaban de los “brazos de salero” para referirse a los brazos gordos y/o flácidos; todas coincidían en lo incorrectos que eran y lo urgente de esconderlos.
Así que aparentemente solo había dos opciones: cubrirlos y pasar más calor o adelgazarlos y ganar el derecho a andar fresca con blusas sin mangas.
Tendría unos 17 años y un día simplemente lo solté. Renuncié. Me negué a tener que vivir incómoda por no incomodar al resto de la pobre humanidad que tendría que sufrir viendo mis brazos gordos.
“Que se volteen para otro lado”, pensé porque en ese entonces no existía “que soporten”.
La realidad es que no le pudo haber importado menos a la humanidad mi decisión de usar blusas y playeras sin mangas.
Años después me he dedicado a adornar esos brazos prohibidos con tatuajes y ahora me gustan más aunque sigan gordos y aguados.
Lo mejor de todo es que difícilmente hay vuelta atrás.
En mi caso, después de los brazos siguió mi vientre. Amo los crop tops. Después las piernas, no sé cómo viví tantos años sin usar shorts o por qué creí tanto tiempo que no me gustaban los vestidos.
No voy a negar la gordofobia ni la violencia estética. Existe y probablemente hay atacados que reprueban mi decisión de existir como me da la gana.
Pero ganar conciencia, trabajarlo en distintos espacios, hacer comunidad, cambiar mis referentes, cuestionarme… hacer lo que siento que me toca me ha fortalecido.
Si es necesario pelearé, pero tampoco hace falta: habitar un cuerpo grande y vestirlo como me da la gana es bastante labor en un sistema con tantas limitaciones en tallas y tantos prejuicios por combatir.
No estás sola ni eres la única cuestionándote si eres tú y es tu cuerpo el que está mal o quizá hay algo opresor en el entorno que con frecuencia nos hace sentir miserables e insuficientes.
Por último, si estos temas te gustan, si quieres seguir la conversación, si quieres crear comunidad, sígueme también en redes, me encuentras como @lasenoritacora.
https://www.instagram.com/p/Cbz7mjQuwEO/
*PORTADA: Instagram @NadiaAboulhosn
