Después de una gran desilusión, me costó mucho trabajo volver a creer en alguien más y de pronto apareció él. Parecía irreal, como sacado de un cuento de hadas, me trataba bonito, era atento, respetuoso, me escuchaba, pero sobre todo, era muy detallista.
Nunca se olvidaba de las fechas importantes, como el día que nos conocimos, cuando me pidió ser su novia, y obvio, de mi cumpleaños. Esos días siempre me sorprendía con algún regalito. Recuerdo el primero, fue una pulsera como la suya, quería que fuera nuestro pacto de amor.
Un día le chuleé una sudadera que me encantaba, me la prestó un rato y después me consiguió una igualita porque le encantó cómo se me veía. Se le hizo buena idea que empezáramos a vestirnos del mismo color, algo que me encantó, pues amo ver esas fotos de parejas goals en Pinterest.
Íbamos de compras juntos para lograrlo, una gran aventura, pues nos divertíamos mucho probándonos cada una de las prendas, pero de pronto algo pasó: no me vestí igual, usé una de mis viejas prendas por comodidad, y él se molestó.

Se me hizo extraño, pero no le presté mucha atención. Un día me puse a limpiar mi clóset para sacar la ropa que ya no usaba y me di cuenta que mi estilo había cambiado, mi esencia se estaba perdiendo. De pronto me miré en el espejo y lo vi a él, no era yo. ¿En qué momento había pasado?
Al principio de me había hecho algo romántico, pero entonces recordé el cómo se había enojado la vez que no coincidimos, él quería que fuera una copia de él y yo ni me di cuenta por intentar complacerlo, pues no quería perder a ese hombre de ensueño.
Observé mi entorno, mi ropa, las fotos con él, nuestras conversaciones, mi playlist que más bien era la de él y me di cuenta que tenía todo, menos mi personalidad…
Mi autoestima estaba por los suelos y no lo culpo, pero eso hizo que me diera miedo perder a esa persona que me hacía tan feliz porque era diferente a mis relaciones pasadas, parecía único; sin embargo, yo estaba perdida, sin esencia, sin rumbo, sólo siguiéndolo y cuidando que no se fuera de mi lado, aunque eso significara ser una versión de él…
La persona ‘ideal’ es aquella que sacará tu mejor versión, manteniendo tu ser, sin cambiar nada. Es quien te abraza por completo, incluso a tus defectos.
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