La zona de la Ciudad de México es habitada desde el año 1325, muchos de sus rincones guardan oscuras historias y han sido testigos de toda clase de tragedias que suelen preservar energías que se manifiestan y que no tienen una explicación. Tal es el caso de los fantasmas del Desierto de los Leones.
El Desierto de los Leones es un sitio que guarda misterios. Se trata de una zona húmeda, donde la niebla baja nada más que comienza a ocultarse el Sol y con ella, la temperatura desciende abriendo paso a la noche.
Poco antes de caer la tarde, cuando las sombras desaparecen y el paisaje se torna grisáceo, los caminos de terracería se desdibujan en la oscuridad y los árboles que definen el paisaje se convierten en testigos mudos de sucesos extraños.
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Tal vez esa es la razón por la que este Parque Nacional queda prácticamente inhabitado pocas horas antes del anochecer.
El fantasma del kilómetro 31
Es este el contexto de aparición del mito más conocido del Desierto de Los Leones, para automovilistas que viajan solos y encuentran la noche cerca de la desviación del kilómetro 31 de la autopista México-Toluca.

La historia contada por aquellos que es similar en todos los casos: en el regreso a la Ciudad de México, las curvas se hacen más peligrosas y es necesario bajar la velocidad. De pronto, en medio del camino aparece un niño sin siquiera advertirlo.
El contacto parece inevitable: el auto frenta súbitamente, pero resulta insuficiente para evitar el impacto. Horrorizado, el conductor abre la puerta y desciende del vehículo a toda velocidad.
Sin entender del todo lo que está pasando, busca adelante y detrás del auto al menor que acaba de atropellar, pero su desconcierto es mayúsculo cuando descubre que no hay rastro alguno del accidente.
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En estado de shock, el conductor se arrodilla y decide buscar debajo del auto. Enciende la linterna de su teléfono y en medio de una respiración entrecortada, se agacha lentamente para asomarse a la carrocería. La punta de un zapato infantil que sobresale cerca de una llanta delantera eriza su piel, pero es incapaz de confirmar lo que está mirando. Temblando, esta vez decide agacharse completamente. Lo que está a punto de ver habrá de marcarlo para siempre.

Frente a él, aparecen los ojos brillantes de un niño que lo mira fijamente. Hipnóticos como dos enormes platos e inexpresivos, como si se tratara de un objeto inerte, aquella mirada se clava en un interior produciendo desolación y un llanto inexplicable.
En este punto, los distintos relatos toman caminos divergentes: mientras algunos afirman que después de este suceso los conductores están expuestos a sufrir un accidente dado el nerviosismo y su exposición, otros consideran que aquella mirada jamás se olvida y produce un trauma severo por el resto de sus vidas.

La aparición de monjes que habitaron el primer convento de México, así como otras situaciones alimentan los mitos urbanos alrededor de este enigmático sitio.
La anterior es una de las leyendas que se cuentan sobre el kilómetro 31 de la carretera México-Toluca.
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*Esta nota fue publicada originalmente un 22 de septiembre de 2018, y editada y actualizada el 29 de septiembre de 2023 por el equipo editorial de Cultura Colectiva.
