Que porque había subido de peso, que porque había bajado demasiado, todo estaba mal, pero yo estaba peor…
Por mucho tiempo me llené la boca hablando sobre aquellas personas que permitían que las pisotearan con tal de estar con alguien, no veía la razón para permanecer si era evidente que no había amor, hasta que me pasó.
Llevaba un par de años con una persona y la verdad es que sí, estaba bien enamorada, al punto de preferir cambiar mis planes con mis amigos o familia si él me decía que nos viéramos.
Como podrán darse cuenta nunca fui alguien con una seguridad admirable ni con el autoestima alto, pero la verdad es que había aprendido a aceptar mi cuerpo o eso es lo que creía.
Si alguien hacía un comentario, me daba igual, incluso si eran mis tías, que les encanta hacer ese tipo de críticas, pero el día que él me lo dijo fue diferente.
Recuerdo que me había planchado mi cabello, había elegido una ropa bonita y me había echado el perfume que tanto me decía que le gustaba. Salí tan feliz a recibirlo, pero en cuanto lo escuché hablar esa sonrisa se borró inmediatamente.
Al mirarme no notó nada más que mis kilos de más y no le importó si me iba a hacer bien o mal, lo único que quería era hacerlo evidente para que yo hiciera algo.
Ese día todo fue incómodo, mientras caminábamos yo miraba el cuerpo de otras mujeres con mucha envidia, pensando que era algo que él deseaba porque para nada me veía igual. Al día siguiente empecé a hacer ejercicio y dejé de desayunar.
No podía contarle a nadie, creerían que estoy loca porque quiero hacer todo para bajar de peso y no dejar de gustar al ‘amor de mi vida’.
Estaba tan obsesionada con el tema del peso que ya no sólo era el desayuno, también me saltaba la cena y la comida prefería que fueran cosas muy ligeras. Todo el tiempo me sentía mal conmigo, sentía que era fea y que mi cuerpo era terrible.
Entonces empecé a bajar de peso y la gente lo notaba… menos él.

Un día salimos y ni siquiera me miró, sólo me dijo que me apurara, que se hacía tarde. Al caminar ya no me tomaba de la mano, ni me decía que me quería, parecía que lo habían cambiado.
Empecé a pensar que lo que pasaba era mi culpa, pues debía estar más delgada, pues lo que había bajado no era suficiente. La rutina se triplicó hasta que un sentí que ya no podía.
Estaba muy cansada, sin energía y aun así me miraba al espejo y solo era capaz de ver mi ‘horrible’ cuerpo. Con el tiempo mi inseguridad fue creciendo, estaba perdiendo peso y al mismo tiempo a mí…
Había logrado bajar más de 10 kilos y por fin lo notó, pero no pasó lo que yo esperaba. Me miró de arriba a abajo y me dijo que ya estaba demasiado delgada. Mi cabeza hizo corto circuito en ese momento.
Ya no sabía qué hacer, sólo lograba sentirme incomoda. Ya no quería estar con él y ese deseo se fue haciendo cada vez más grande hasta que un día salimos y me percaté que miró con deseo a una chica con el cuerpo muy parecido al mío y entendí que no era yo el problema, mucho menos mi cuerpo. Lo que él me estaba diciendo a gritos es que ya no se sentía a gusto conmigo y el amor que le tenía me estaba cegando.
La historia de que salíamos y miraba a otras mujeres se repetía con mayor frecuencia y fue que decidí abrazarme y hacer algo por mí. Me armé de valor y le dije ‘adiós’ a quien creí que era el amor de mi vida.
Hoy en día sigo haciendo ejercicio, pero moderado y lo más importante, porque es algo que yo decidí, no una imposición de alguien que te dice ‘te amo’, pero demuestra todo lo contrario.
A mí me costó tiempo entenderlo y podrán criticarme por eso, tampoco me aplaudo, pero lo que más tristeza me da es cómo alguien que tanto quieres puede acabar con tu seguridad, tu autoestima y ni siquiera mida sus palabras y acciones para evitarlo.
Me faltaba quererme más, pero estoy segura que ho, a nadie, absolutamente a nadie, le permitiré que me lastime de ninguna manera, no me importa si me lo dice un familiar, amigo o pareja. Entendí que las personas que realmente quieren no te destruyen de esa forma.
Hay algo que él y todo el mundo debe entender: Nadie tiene derecho a opinar sobre los cuerpos ajenos.
Te puede interesar:
Carta a mi ‘casi algo’ del que me enamoré y me rompió el corazón
Cambié de pareja para ser más feliz, pero él cambió hasta mi look
Amo lo que hago, pero estoy exhausta: carta honesta mi jefe
