Efraín Alcaraz Montes de Oca, también llamado el “Carrizos”, salió una mañana a trabajar en uno de los oficios más viejos del mundo, el robo. Tomó el Periférico, su ruta favorita pues de ahí podía ir Polanco, Pedregal o las Lomas. Al llegar a San Jerónimo observó una casa grande que estaba custodiada por policías y militares. El Carrizos le preguntó inocente a su socio: ¿Quién vive ahí?
Por la acera iban y venían dos hombres armados que poco intimidaron a la dupla de ladrones. Los ladrones estacionaron el auto en una esquina y esperaron a que los guardias se alejaran. Cuando la entrada de la residencia quedó desprotegida, el Carrizos y compañía corrieron sigilosamente. Subieron directamente a las recámaras donde encontraron un baúl de tamaño mediano; al abrirlo descubrieron que estaba repleto de todo tipo de joyas de oro. Para no perder tiempo y siendo ya una costumbre en los atracos de Efraín, usaron las fundas de las almohadas como bolsa y guardaron todas las alhajas. Con una sensación de victoria, el Carrizos y su compañero huyeron de la escena.

Pasaron varios días de calma hasta que el Carrizos fue a visitar a su abuela, quien le dijo que un agente del Servicio Secreto lo fue a buscar de manera personal. Fue entonces cuando Efraín se alarmó, pues él ya tenía arreglos con la policía para trabajar de manera libre a cambio de una cuota mensual. ¿Qué fue lo que hizo mal? Al llegar con Alfredo Reyes descubrió que la casa que había robado era la del presidente Luis Echeverría. Para desfortuna del Carrizos, la policía ya lo había identificado como el ladrón por su costumbre de llevarse las fundas de las almohadas.
Este fue el atraco más polémico del Carrizos y, claro, como lo había hecho toda su vida, sobornó a los directivos de la policía para tener un mínimo castigo. El Carrizos también le robó al expresidente José López Portillo y al futbolista Hugo Sánchez. «Robé medio México», confesó el ladrón de más de 60 años.

El Carrizos era un zorrero, es decir, un asaltante de casas. Él nunca ha usado la violencia, prefiere atacar cuando no hay nadie en las residencias. En sus años mozos tenía grandes habilidades para brincar bardas y azoteas, hoy siendo un viejo mantiene intacta la habilidad para abrir candados en menos de 15 segundos.
«Mi abuelo siempre me decía: “Si no te compones de esto, entonces tienes que ser el mejor”, y fui el mejor », dijo el Carrizos cuando en la jefatura le preguntaron los motivos por los que robaba. «Yo fui ladrón y no ratero, por eso cuando llegaba a las comandancias de policía todos decían con asombro “¡ahí tienen al Carrizos!”; era un ejemplar para la policía».
https://www.youtube.com/watch?v=s8lDpV6JtY4
*
Te puede interesar:
Los niños héroes y otros personajes históricos que sí se sacrificaron por su país
El partido de futbol que detuvo la Gran Guerra
