“El hombre avanzó entre un enjambre de luciérnagas. Quería, por encima de todo, como en el antiguo juego, empujar a un malvavisco hacia la hoguera, en tanto que los libros, semejantes a palomas aleteantes, morían en el porche y el jardín de la casa; en tanto que los libros se elevaban convertidos en torbellinos incandescentes y eran aventados por un aire que el incendio ennegrecía”.
Estas son las primeras palabras del terrible futuro que Ray Bradbury imaginó en su novela “Fahrenheit 451”. Un mundo donde los libros están prohibidos y el cuerpo de bomberos es el responsable de quemar estos objetos.
La escalofriante trama, en gran medida, fue inspirada en la política de represión y persecución que en la década de los 50 amenazó a un sector intelectual estadounidense. Eran los años más difíciles de la Guerra Fría, cualquier individuo que tuviera un pensamiento de izquierda -o hubiera tenido relación con un partido de estas tendencias- fue perseguido, encarcelado o inclusive, expulsado del país.

Ante esta cacería de brujas es fácil entender que el peor escenario que Bradbury pudo imaginar fue un futuro distópico, en el cual las ideas disidentes eran prohibidas. En la actualidad vivimos en un mundo que en apariencia no podría ser más diferente: gracias a la Internet, cualquier persona puede acercarse a una infinidad de información y opiniones, teniendo la posibilidad de expresar su punto de vista y discutir en las redes sociales, siendo Facebook el medio que domina estas dos cuestiones.
Según el Centro de Investigaciones Pew, el 44 % de los estadounidenses lee o ve noticias a través de dicha red social y es —con más de 200 millones de usuarios activos en Estados Unidos— la plataforma digital con más influencia.(1) Sin embargo, en los últimos días esta empresa ha sido responsabilizada de influir negativamente en el resultado de las recientes elecciones de Norteamérica.
Durante el proceso electoral, en Facebook proliferaron numerosos sitios anónimos de “noticias” que se caracterizaban por compartir alarmantes títulos que anunciaban una increíble revelación que cambiaría el destino de la contienda. En muchos casos, estos encabezados eran exageraciones de hechos en concreto, pero en ocasiones eran artículos con noticias completamente falsas. Así, los perfiles de millones de estadounidenses se vieron inundados por notas que anunciaban que Obama había nacido en Kenia, que el Papa prohibió a los católicos votar por Hillary o que Robert De Niro anunciaba su apoyo a Trump.
Una simple búsqueda en sitios serios de noticias era suficiente para que las personas supieran que todas estas “verdades” eran falsas; no obstante, para muchos, estas invenciones se adherían a sus opiniones como hechos sin refutación.

Este fenómeno se vio magnificado gracias a un algoritmo que utiliza Facebook para distribuir la información y páginas de interés entre los usuarios. El pasado agosto la empresa estadounidense despidió al equipo que se dedicaba a administrar las noticias relevantes que se compartían en la red social, ya que existían numerosas quejas que señalaban la continua supresión de páginas conservadoras de noticias. En teoría, con el factor humano fuera, Facebook se convertiría en un sitio donde todas las opiniones podrían ser compartidas y leídas. Sin embargo, los algoritmos están diseñados para mostrar temas y opiniones que simpaticen con el usuario. Este aspecto es fundamental en materia comercial, al presentar páginas y ofertas que le podrían interesar a una persona, pero cuando se trata de sitios de noticias, omiten voces contrarias al punto de vista del lector.
De esta manera, las elecciones de Estados Unidos se desarrollaron en medio de un gran sesgo de información. Cientos de sitios anónimos crearon notas falsas en búsqueda del dinero generado por los clics; en consecuencia, millones de usuarios vieron noticias y opiniones que concordaban con su forma de pensar, dándoles la sensación de pertenecer a un grupo numeroso que estaba de acuerdo, y que tenía la razón. En este ambiente es fácil explicar el triunfo de una persona como Donald Trump, no importa que la mitad de sus discursos estén plagados de cifras dudosas o inventadas, cada uno tiene su punto de vista, y como sociedad democrática debemos respetarla.

Para muchos, el triunfo de Trump muestra que el racismo está más vigente que nunca en Estados Unidos; para otros es una respuesta al modelo neoliberal, pero la influencia de las redes sociales en este proceso da una explicación diferente: la verdad ha muerto y ante esta realidad, un millonario mitómano es la mejor opción para gobernar al país más poderoso del mundo.
Este problema tiene su origen en la teoría posmoderna. Después de los horrores demostrados por el totalitarismo durante la Segunda Guerra Mundial, pensadores y filósofos defendieron que las personas del siglo XIX estaban equivocadas al creer en el progreso del ser humano. De pronto la verdad absoluta se había convertido en un problema: el nazismo luchó por la creación de una sociedad perfecta, en la cual su visión era la única aceptada, razón por la que la diversidad debía ser eliminada. Fue así como murió la sociedad moderna y su creencia en el progreso. Los nuevos pensadores se llamaron posmodernos y atacaron la existencia de la verdad y la categorizaron como autoritaria y ahistórica, por lo que negaron su existencia. En el nuevo mundo se escucharían todas las verdades con la intención de contrarrestar la amenaza del totalitarismo.

La visión posmoderna parece ser la adecuada para las sociedades democráticas que buscan la pluralidad de opiniones, pero el británico Terry Eagleton, crítico literario y de la cultura, advirtió sobre los peligros de esta teoría: la relatividad enarbolada por los posmodernos, en su intento de combatir el autoritarismo, permite que posturas erróneas o totalitarias persistan, ya que la inexistencia de la verdad legitima todas las voces existentes.(2)
La advertencia de Eagleton se ha convertido en la realidad de nuestro mundo: los discursos xenófobos están permitidos y son aceptables las marchas que protestan en contra de los derechos civiles de las minorías. Si la verdad no existe, todas las voces son válidas; desde las democráticas hasta las homofóbicas, racistas y totalitarias.
Obama, como si hubiera leído la advertencia que realizó Eagleton, defendió la verdad en un discurso en la Universidad de Rudges, afirmando que los Padres Fundadores vivieron durante la Ilustración, una época que escapó de la superstición por medio del pensamiento racional.
Trump fue electo en Estados Unidos, y para fortuna de sus opositores en dos años habrá nuevas elecciones que tienen el potencial de eliminar el control total de los Republicanos en los tres niveles de gobierno. Sin embargo, este proceso político dejó en evidencia uno de los problemas más graves que enfrenta la sociedad contemporánea: la desinformación.
Facebook sólo es una parte de la crisis que presenta el periodismo en la actualidad. A la mayoría de los sitios en línea, lo único que les importa es el dinero que está detrás de los clics; numerosos sitios se dieron cuenta de esto y no les importó crear noticias falsas para generar numerosas ganancias.
Recientemente, Mark Zuckerberg anunció que intentará acabar con este tipo de páginas, pero al mismo tiempo, cientos de notas con fuentes falsas o cuestionables, circulan por su plataforma generando miles de dólares, beneficiando tanto a los creadores de dichos sitios, como a él mismo.
Tenemos una red social que genera gran parte de sus ganancias a través de páginas de Internet que se interesan más por el número de visitas que por la calidad del contenido; al mismo tiempo, los medios que realizan las investigaciones periodísticas de manera profunda y seria quedan rezagadas, en una sociedad que está más interesada por fotos de animales que por la realidad que les rodea. En este ambiente, la quema de libros no parece tan terrible como el triunfo de la mentira.
(1) http://www.journalism.org/2016/05/26/news-use-across-social-media-platforms-2016/
(2) Eagleton, Terry, “Verdad virtud y objetividad”, en Después de la teoría, traducción de Ricardo García Pérez, España, Debate, 2005.
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A continuación te compartimos 5 mitos de la economía que siempre creíste ciertos y que necesitas conocer, pues es importante mantenernos informados, utilizando de manera correcta las herramientas tecnológicas que tenemos cerca; muchas de las noticias que circulan necesitan ser cuestionadas y reflexionadas.
