Iván Trujillo, en su poema, hace una reflexión acerca del comportamiento humano:
A lo largo del camino, he ido escudriñando en las gavetas de mi alma, y he ido descubriendo que los muros suelen derrumbarse cuando de amor se ciñen las cinturas y las sienes de los hombres (al hombre le da por cultivar amor).
Este que ves, un día mordió la tierra y no se sació de ella.
Este que miras, tiene la costumbre de mirar desde el alma y desnudar hasta los muertos.
Este que escuchas, suele morderse la lengua hasta sangrar, y sentir que ya lo ha dicho todo.
Este que soy, tiene la costumbre de ser y no ser cuando se le da la gana; cuando tiene hambre, cuando siente frío, cuando se le estanca la sed en los labios.
Este que escribe, sabe de amor, pero no del corazón del hombre (es una mala jugada).
Este que abraza, no concibe los encuentros ni las despedidas.
Este que a veces calla, sabe que el silencio no existe.
Este y otro, escriben y cantan y sueñan y graznan y forjan y claman y beben todos los días una porción de vida para estar saludables.
A mi madre le dijeron que llegué al mundo con cristales en los ojos; desde entonces, me da por quitármelos y esconderlos en la tierra para ver si crece un árbol. Guardo mis cenizas en el corazón de la mujer (es el mejor nicho que puede haber).
Vendo las costuras de mi piel, sólo para tener con qué pagar el alquiler de mis días, y para ver si algún día se exhiben en galerías.
Tengo amor entre los dedos; cómetelo, porque después, se me da por tirarlo al campo, y casi siempre termino cosechándolo.
El día que fue de ayer siempre me borra la memoria; la memoria que sólo me sirve para recordar mi nombre, y el mapa de tus ruinas.

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Si te encuentras en un momento extraño de tu relación y ya no sabes hacia dónde va todo porque el amor parece haber terminado, con este playlist de canciones podrás decirle: no soy yo, eres tú. O quizá, tal vez alguno de los dos tiene miedo de enamorarse locamente…
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La fotografía que acompaña al texto pertenece a Evan Atwood.
