
Corrió una lágrima a través de mi alma rota
y dije: Je suis blessée (estoy destrozada).
Entonces, después de escuchar sus duras palabras como puñales,
bajé al cuarto secreto de mis dolores emocionales…
Un sótano vacío y silencioso con un pequeño tragaluz al fondo.
Que sin muebles, ni casi aliento, y con el caos colgado en sus paredes,
me acoge todos los sentidos entre rostros de humedades.
Aquel perverso refugio me arropa con la atención inmersa entre luces y sombras.
Allí tan sólo existe el ruido de la mente y el ronroneo ahogado del espíritu.
Jamás lograré hallarme al odio y a la crueldad de los desamores.
Nunca me acostumbraré a bajar hasta aquí cada cierto tiempo…
porque todavía sigo recogiendo pedazos de mi estima por los rincones.
Aún continúo recomponiéndome de los infortunios de esta bella vida.
