
Si lo que buscas en una lectura es reencontrarte con las dificultades del mundo real, pero retratadas y transformadas en belleza y emoción gracias a la palabra, te invitamos a que conozcas El lugar sin límites de José Donoso, novela chilena que te llevará a observar la dureza de un pueblo alejado. En 1966, José Donoso, profesor, periodista y escritor chileno, publicó El lugar sin límites, una novela corta que lo pondría en el foco de los críticos y los amantes de la literatura, y sería llevada al cine 11 años después por el mexicano Arturo Ripstein.

La narración gira alrededor de Estación El Olivo, un pueblo sin luz ni turismo, olvidado por el avance del tiempo, donde aún existe, como en Pedro Páramo, una especie de patriarca que se gana el respeto de los demás por medio del miedo y el poderío, y un “hijo” díscolo y violento. Lo que hace que esta novela sobresalga y rompa con el imaginario de un pueblo común es la presencia de la Manuela, un travesti que maneja un prostíbulo con su hija, la Japonesita.
La narración es cruda, casi visceral. Asistimos, como espectadores mudos, a los dolores mañaneros y las lagañas que aquejan a la Manuela, su total resignación frente a la fealdad de su hija, el miedo de que los bocinazos que escuchó la noche anterior no sean producto de su imaginación paranoica y se encuentre frente a frente con aquel que la violentó un año antes; y la fuerza que se esconde detrás de ese miedo, un deseo de plantarle cara y hacerlo con su mejor vestido. La mayor parte de la trama sucede en el prostíbulo de la Japonesita, quien lo heredó, junto a su padre, de la Japonesa Grande. Lo poco que conocemos del pueblo lo hacemos a través de la caminata apresurada de la Manuela que luego se transforma en una carrera frenética, los sobrios pasos de Don Alejo y sus perros, y el traqueteo del camión de Pancho Vega.

Es una novela que ilustra un pueblo no sólo atrasado y olvidado por la modernización nacional, sino con una mentalidad cerrada que encasilla lo diferente como una otredad que no pertenece por el simple hecho de ser otro. Aún así, eso desconocido divierte y entretiene, e incluso llega a crear una sensación de conexión, de familiaridad. Pero si se llega a sentir que esa cercanía pone en duda la certeza de la identidad propia, lo desconocido debe ser exterminado, diezmado. La Manuela, de nacimiento Manuel González Astica, es un homosexual que se considera mujer y se viste y actúa como una; Pancho Vega es un hombre casado, bruto y violento, que tiene una obsesión malsana con la Manuela. Pancho, al reconocerse en el travesti, al reconocer su deseo, no encuentra otra solución que recordarle a la Manuela, y a él mismo, su hombría y el rechazo que siente hacia los otros.

Si se busca una lectura fácil y para entretener, este no es el libro indicado. No es una historia bonita y no tiene un final feliz. Es una narración dura, que retrata muy bien lo que tienen que vivir miles de personas a diario; te deja un mal sabor en la boca y la angustia de conocer un poco más sobre los otros. El propio Donoso transitaba en medio del mundo heterosexual y el homosexual, nunca definiéndose del todo por miedo del uno y del otro. Es un libro que invita a la reflexión y que se te queda dando vueltas en la cabeza por la fuerza narrativa de sus imágenes. Si se busca una lectura que te enfrente con una realidad tan absurda que parece imaginada, este es el libro.
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