El siguiente cuento es una muestra de amor verdadero llevado a las letras; continúa leyendo…

Habían quedado sus huellas asentadas al borde del sendero, uno de ellos regresó para contemplarlas antes de retomar el rumbo, precisamente pudo haber sido ese el gesto más afable que ese día ambos pudieron disfrutar…
***
Se miraron mutuamente y mientras dibujaban una pequeña sonrisa con los labios supieron que algo había cambiado, la dirección del rumbo era otra, quizá muy distinta a la que años atrás se habían imaginado. Aún así él no dejó de mirarla a los ojos, sabía perfectamente que ese era su más preciado y anhelado tesoro, su vida sería un caos sin ella a su lado.
Volvió a sonreír, la tomó de la mano como quien encuentra la primera rosa de la primavera y la toma delicadamente buscando no herirla. Ella se sintió la más hermosa del Universo, su corazón se había sumado al ritmo de los versos que componían la armonía de su presencia mientras el día iba siendo consumido por su romance.
Él rompió el quinto silencio de la tarde y le susurró al oído:
—Me entrego a ti como poesía, sabiendo que en ti mis días quiero gastar, porque confío en que ese es el motivo de la sonrisa de tu alma. Quiero ser un extenso poema en tu historia, un poema que sólo tú escuches por las mañanas, que sólo tú sientas por las tardes y que sólo tú abraces por las noches. Quiero ser la luz que reflejan tus ojos, la melodía que compone tu voz y el hechizo que me provocan tus labios. Quiero pertenecerte sin más, provocando el deseo de jamás dejar de estar. Quiero ser lo que más anheles luego del anochecer.
Ella no supo qué responder, sintió cómo sus palabras luchaban por ir al corazón de su amado pero ninguna conseguía la fuerza necesaria para hacerlo. Se contuvieron todas y quedaron presas en el sótano del silencio. Empezaba el cielo a desesperar asumiendo que el miedo había cegado su corazón.
Cayó una rosa del cielo y se posó suavemente entre sus cabellos, ella la tomó y supo en ese momento que las palabras estaban de más, no las necesitaba. Cerró los ojos, tomó la rosa con sus suaves manos y la acercó a su pecho, le recitó dócilmente un poema al cielo y éste lo escuchó perfectamente, ahora el secreto había quedado guardado con un fiel confidente. Acercó la rosa hacia sus labios y la besó tiernamente, la rosa se había convertido en la llave de aquel secreto que ahora custodiaba el cielo.
Él seguía en silencio, mirándola con ojos de ternura mientras ella se preparaba.
Pasaron los minutos, que se convirtieron en horas y éstas se convirtieron en opacas luces cuando el sol empezó a recitar sus últimos versos mientras las aves iban recogiendo las palabras que habían quedado esparcidas por todo el firmamento. El cielo empezó a rasgarse y las estrellas de pronto lo invadieron todo.

Y en ese momento ambos supieron lo que significaba amar.
Corrieron juntos mientras las luces iban muriendo lentamente, tenían que llegar a un resguardo antes de la llegada del anochecer, era esa su única salvación. Pero la Luna se adelantó a ellos y los sorprendió huyendo, y al primer instante en que ésta se posó en el cielo todas las rosas se fracturaron, murieron en ese instante mientras sus restos se dirigían al cielo en forma de diminutos cristales.
Su mano había quedado vacía, ella ya no estaba a su lado.
Cayó suplicando tiempo, pero era imposible hacerle esa petición a la Luna. Desaparecieron las palabras en ese momento y el silencio empezó a reinar durante la interminable noche.
Pero una rosa había quedado intacta en medio de un sombrío rosal; aún tenía un poco de luz en sus pétalos y cuando la vio no dudó en correr hacia ella, la tomó entre sus manos, besó uno de sus pétalos y la flor desapareció como la luz después del atardecer.
Apareció frente a la Luna y le susurró al oído el poema que ella custodiaba:
Se escucha a lo lejos que un poema
Va rasgando el silencio en la noche
Sus versos que van abriendo camino entre las nubes
Dejan correr entre ellos la melodía de su nombre.
La Luna lo ha descubierto huyendo entre las sombras
Ha sido el Poeta quien ha liberado al poema de su prisión
Las palabras han quedado libres navegando por el cielo
Susurrando los versos que la Luna aún desconoce.

Llora amargamente el silencio
Que ha perdido la tutela de todos los secretos,
La Luna interroga a las estrellas
Intentando encontrar al culpable.
Al final del sendero se detiene el Poeta
Toma entre sus manos a la estrella más pequeña,
La besa, la abraza y le pide que confíe en su mirada
La Luna observa distante su resplandor en el cielo.
Naufragaron todos los silencios de la noche
Hasta que encontraron la luz de aquella estrella
quedaron todos los recuerdos de la Luna
Dispersos por todo el cielo.
La única rosa que no murió
Apareció sostenida por una estrella,
De pronto las palabras encontraron su origen
Regresando todos los sentimientos al rosal.

Y cuando los últimos versos del poema fueron recitados las estrellas dejaron de brillar, todas excepto una… allí estaba ella, él no vaciló en ir corriendo a su encuentro. Una vez allí, la tomó entre sus brazos, se miraron profundamente como dos tiernos e indefensos luceros y desaparecieron junto a un gran resplandor, quedando la Luna sola con las estrellas que, de a poco, brillaban nuevamente.
Jamás pudo la Luna volver a encontrarlos, ni siquiera supo el destino que había tomado la rosa que guardaba el secreto de aquellas dos almas enamoradas. Habían logrado conseguir lo imposible, amarse en el infinito firmamento que se pierde al final de cielo y el mar, lejos de la custodia del Sol y distantes de la tristeza de la Luna.
***
Habían quedado sus huellas asentadas al borde del sendero, uno de ellos regresó para contemplarlas antes de retomar el rumbo, precisamente pudo haber sido ese el gesto más afable que ese día ambos pudieron disfrutar…, pero no era sólo ese, había uno más importante y especial que ambos recordarían durante el resto del camino, aquel poema que se oculta en el corazón de la Luna y que sólo la melodía de un nuevo Sol naciente puede lograr encontrar.

Y antes de terminar con el último poema de su historia, supo de inmediato, que la sonrisa de su amada era el amanecer de la primavera, que su mirada reflejaba a todas las rosas del mundo, que su rostro era el sol por las mañanas y la luna por las noches, que sus labios eran las estrellas danzando en el vasto cielo y que su voz era la melodía que sus días necesitaban para existir.
Ella lo era todo para él y él lo significaba todo para ella.
Ambos lo sabían perfectamente, y en ese momento supieron que se amaban de verdad.
Dejando atrás el sendero de las rosas rotas, continuaron su camino dibujando sus huellas. Recordando a lo lejos todos los poemas que mutuamente se habían compuesto, así como la rosa que ambos guardaban en su corazón.
**
Los cuentos son una forma de viajar lejos sin movernos mucho, por esa razón te compartimos algunos Cuentos de amor que te abrazarán el alma.
